En los mitos de la antigua Grecia no hay discriminación de género o sexo. Por ejemplo, así como la mitología griega está llena de leyendas sobre mujeres extraordinariamente bellas y varones excepcionalmente apuestos, del mismo modo abundan en ella los mitos sobre monstruos femeninos y monstruosos seres masculinos.
Sobre míticas mujeres de hermosura divina son muy conocidas las leyendas de Afrodita, Hera, Atenea y Helena. Pero de igual modo son también célebres numerosos seres femeninos monstruosos, como Equidna, la mujer del monstruo Tifón.
Equidna tenía cabeza de mujer, en la que destacaba un bellísimo rostro, pero su cuerpo era el de una enorme serpiente. Precisamente el nombre de Equidna significaba víbora, o serpiente, según el eminente mitólogo británico Robert Graves.
En la leyenda de Equidna que se incluye en el Diccionario de Mitología Universal del mitólogo francés Jean Francois Michel Nöel, se explica que la forma monstruosa de Equidna (cabeza humana y cuerpo de serpiente) se debía a que sus padres fueron la ninfa acuática Calírroe —hija del dios Océano y de la diosa marina Tetis— y Crisaor, el guerrero fabuloso que nació de la sangre de Medusa cuando Perseo le cortó a ésta la cabeza, y después aquel se transformó en una enorme serpiente.
Equidna fue recluida por los dioses en una profunda caverna de un lugar que ahora es Siria. Pero de alguna manera la monstruosa criatura se escapó de su cueva para aparearse con el monstruo Tifón, o tal vez fue éste el que de algún modo llegó hasta donde ella se encontraba.
Tifón, valga la explicación, era un gigante que superaba en fuerza y tamaño hasta a los antiguos Titanes que hicieron n la guerra contra Zeus y sus hermanos (la Titanomaquia). Tan grande era Tifón, dice la leyenda, que cuando se erguía podía tocar el cielo con su cabeza.
De la unión de Tifón con Equidna nacieron Ortro, un perro monstruoso que cuidaba a otro monstruo llamado Gerione; Cerbero, el feroz perro de varias cabezas que guardaba las puertas del infierno; la Hidra de Lerna, que tenía cuerpo de perro y nueve cabezas de serpiente, una de las cuales era inmortal; la Quimera, monstruoso animal con cabeza de león, cola de dragón, cuerpo de cabra y una enorme boca de la cual brotaban mortíferas lenguas de fuego; la Esfinge, monstruo con cara de mujer, cuerpo de león y alas de buitre, de la cual todavía hay una estatua, deteriorada por el tiempo y los vientos y arenas del desierto, en Giza, Egipto, a orillas de El Cairo; Ladón, un dragón de cien cabezas con cada una de las cuales hablaba un idioma diferente; y el León de Nemea, bestia gigantesca que tenía la piel tan gruesa que ninguna arma lo podía herir, hasta que fue liquidado por el héroe Hércules o Heracles.
Antes o después de parir a esos hijos monstruosos, Equidna se trasladó a vivir a Arcadia, región de Grecia a la que se dio ese nombre en homenaje a su fundador, el héroe Arcas. Allí Equidna se apareó con su hijo Ortro, de quien tuvo a Faya, la cerda salvaje que asolaba la región de Cromión, hasta que la mató Teseo.
Equidna vivió largamente causando grandes estragos en Arcadia. Pero un día, Argo Panoptes, el mítico guardián que tenía cuatro ojos para realizar muy bien su labor de vigilancia, la sorprendió durmiendo en su guarida y la mató.
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