Maestros fascinantes

Augusto Cury es investigador del conocimiento y la inteligencia. Sus libros Nunca renuncies a tus sueños y Padres brillantes, maestros fascinantes estuvieron en las listas de los más vendidos, con ventas de dos millones de ejemplares tan sólo en Brasil.

Augusto Cury es investigador del conocimiento y la inteligencia. Sus libros Nunca renuncies a tus sueños y Padres brillantes, maestros fascinantes estuvieron en las listas de los más vendidos, con ventas de dos millones de ejemplares tan sólo en Brasil.

Presento reflexiones extraídas de su libro Padres brillantes, maestros fascinantes, por el aporte que pueden dar a nuestro sistema educativo.

Más que corregir errores, promueve la visión preventiva de enseñar a pensar a las personas. Para un buen aprendizaje, es necesario combinar la sensibilidad con la metodología. Hay que entender el funcionamiento de la mente para educar nuestras emociones y expandir la creatividad de los alumnos.

Hay siete pecados capitales que un educador debe evitar:

1. Corregir en público produciendo humillación y traumas, complejos difíciles de superar.

2. Expresar autoridad con agresividad e intolerancia.

3. Ser excesivamente crítico: obstruir el desarrollo, la autoestima y la creatividad.

4. Castigar cuando estamos iracundos y poner límites sin dar explicaciones.

5. Ser impaciente y desistir de educar.

6. No cumplir con la palabra dada a los alumnos.

7. Destruir la esperanza y los sueños (pecado mayor).

Cury sugiere incluir los siguientes elementos en el ambiente de aprendizaje.

1. Sentarse en círculo.

2. Manejar el arte de la pregunta. La duda es el principio de la sabiduría, cuanto más se cuestionan “las verdades”, más se expande el mundo de las ideas.

3. La explicación con preguntas transforma la información en conocimiento y el conocimiento en experiencia.

4. La exposición debe ser dialogada. Promover el debate de ideas y la educación participativa, superando la inseguridad, timidez y mejorando la concentración. Aprendemos más de niños porque preguntamos más y abrimos nuestra mente.

5. Ser narradores de historias, desarrollar la creatividad, educar las emociones estimulando la sabiduría y la capacidad de solucionar problemas en situaciones de tensión. Educar es contar historias, contar historias es transformar la vida de las personas. Así enseñaba Jesucristo.

6. Humanizar el conocimiento de los alumnos cultivando su creatividad, incentivando su sabiduría, expandiendo su capacidad crítico – constructiva y formando pensadores que entiendan la vida y emociones de los que crearon conocimientos. Evitemos convertir la mente de los alumnos en “insensibles depósitos de conocimiento”.

7. Humanizar también a los profesores, para que cuenten sus historias personales, desarrollen su socialización y afectividad, construyan puentes productivos y emocionales, aprendan a superar conflictos y valorizar el “ser” de los alumnos.

8. Educar la autoestima. Elogiar en lugar de criticar.

9. Poner música suave para estimular la creatividad.

10. Gerenciar los pensamientos y las emociones controlando el “síndrome del pensamiento acelerado”, uno de los grandes males.

La educación debería promover la participación en proyectos sociales en las comunidades donde viven los alumnos, que promuevan la ciudadanía y apliquen lo aprendido a la vida real.

Cuanto mayor sea la calidad de la educación, menos importante será el papel de la psiquiatría. Estas enseñanzas se aplican en 100% a los padres, ya que la primera escuela de la vida es el hogar.

El autor es director de PROMIFIN, programa financiado por la Cooperación Suiza.

Economía

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