ESPECIAL PARA LA PRENSA.- Todo comenzó el 19 de julio. El equipo reunido en el aeropuerto de Managua a las 2:00 de la mañana para viajar a los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Mayagüez, Puerto Rico.
Las expectativas que llevaba el equipo eran bajas. Faltó preparación y recursos, aunque a esto último ya estamos acostumbrados. En la mayoría de los viajes se viaja con lo justo.
Llegamos a la villa centroamericana, luego de tres horas de vuelo, más tres horas en bus, y para colmo nos dicen que no hay cuartos para nosotros.
Vino la novena entrada y nadie esperaba lo que se venía. Tras varios hits, vimos que estábamos 6-5 y fue ahí cuando se encendió el dogout. La esperanza había vuelto, y no fue para menos, ya que momentos después nos fuimos arriba 7-6.
Venía el cierre de los boricuas y como era de esperarse presionaron, pero luego de unos minutos de sufrimiento cayó el out 27, y aquí comenzó el desborde de todo el equipo, nadie podía creer lo que había sucedido. Fue la felicidad total.
Esta medalla vale más de lo que parece. Trae alegría y esperanza. Le doy gracias a Dios por haber sido parte de este equipo, que demostró coraje, valentía, unidad, corazón, confianza, trabajo en equipo y sobre todo mucho amor por esta bella patria.
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Después de dos horas de espera con maletas en la calle, nos consiguen un apartamento de tres cuartos y dos baños, pero para sorpresa nuestra, nos notifican que es el único espacio disponible para todo el equipo.
En ese momento había mucha inconformidad, frustración y caras largas entre todos los jugadores. Se supone que cuando uno viaja con la selección tendrá las mejores condiciones, pero éste no era nuestro caso. Minutos después empezaron a traer literas y entre todos las armamos para la gente que iba a dormir en la sala y cocina.
Los días pasaron y llegó el día esperado de nuestro debut contra el poderoso equipo dominicano. El resultado no fue nada alentador, perdimos 10-1. En ese momento comenzamos a dudar de nosotros mismos.
Al día siguiente la situación no mejoró, ya que estábamos 0-0 en el sexto con Antillas, pero de pronto se vino un aguacero que obligó a la suspensión del partido. Creo que esta lluvia es justamente lo que el equipo necesitaba para lavar el cuerpo y la mente, y renovarlo con pensamientos positivos.
Al día siguiente, tempraneamos a México con cuatro carreras en los primeros dos innings, y al final obtuvimos la victoria 5-2. En medio de una celebración por el triunfo, nos avisan que no nos cambiemos porque vamos a continuar el juego empatado contra Antillas, el cual ganamos 6-0. En este momento lo único que se respiraba en el clubhouse era felicidad y la esperanza por obtener una medalla emerge.
Este mismo día en la noche fue que me convencí que en este equipo había algo diferente, y lo cual es difícil de lograr: unidad y compañeros. Digo esto porque nos llegaron a decir que habían cuartos disponibles para los que estaban en la sala, pero que iban a estar separados y mezclados con gente de otras disciplinas, así que nos quedamos juntos.
Llegó la muerte súbita, y contra pronósticos vencimos a Venezuela. En ese momento nos sentimos invencibles. Podíamos jugar ante los Yanquis y ganar.
En semifinal nos tocó enfrentar a Dominicana. Como siempre íbamos abajo en los pronósticos, pero eso no nos importaba. El sueño de alcanzar la medalla de plata o de oro estuvo tan cerca, íbamos arriba 5-3 en el sexto, pero en el séptimo se nos derrumbó el piso y con un sólo batazo, de pronto estábamos 6-5. Ese batazo nos cayó como un balde de agua fría y el equipo no pudo reaccionar en el resto del partido. Fue doloroso.
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