Si el deseo es un factor clave para alcanzar una meta, Ramón Flores se mueve sobre la dirección correcta.
Pero el espigado jardinero de Ocotal tiene también talento y con su juego alegre y agresivo ha gustado en los Bravos, quienes le dieron la oportunidad que buscaba en el 2009, a pesar de que ya había doblado la curva de los 20 años.
- En el pasado entrenamiento primaveral, Ramón Flores fue invitado a un partido con el club de Grandes Ligas y, aunque no jugó, asegura que fue una tremenda experiencia.
Flores asegura que lo que más agrada a los Bravos, además de su juego agresivo, es su brazo, su velocidad y el bateo que enseñó antes que aparecieran las fisuras en la tibia.
Tengo el brazo tan bueno que me mandaron al jardín derecho y cuando hacen infield y están los jefes, me ponen en el cuadro interior para que exhiba la escopeta, afirma.
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Flores llegó hace una semana al país, después que un par de fisuras en la tibia de su pierna izquierda le impidieron jugar con su intensidad habitual.
Así que lo mandaron a descansar y asegura que en unos veinte días podría estar de regreso a la acción.
“Este problema en la tibia lo tenía desde hace varias semanas, pero no lo decía porque uno siempre debe pelear por su ‘gallopintito’, pero el dolor se me puso más intenso y se decidió que debía reposar”, señala Flores desde su casa en Nueva Segovia.
El jardinero de 23 años, 6’2 pies y 190 libras, debutó el año pasado con Atlanta en la Liga de Verano de República Dominicana y justo como se esperaba, le prendió fuego al circuito con .368 en 27 partidos, consiguiendo el boleto a Estados Unidos.
“Este año comencé con el Danville (Liga de Novatos) y como vieron que bateé bien (.333) me subieron a la Liga Sur-Atlántica (Clase A-) donde el pitcheo es más riguroso, pero lo que más me afectó fue la lesión en la tibia”, explica el patrullero.
Flores actuó en 39 partidos y nunca se sintió confortable. Al final, resumió .217 (138-30) y fue mandado a descansar por el asunto de la lesión, factor que le impedía jugar con su estilo eléctrico, al que incluso acostumbró a los fanáticos del país.
“Yo hacía la fuercecita, pero después no aguanté. Eran unos dolores terribles. Pero con los días que llevo descansando, me he sentido mejor. Si todo sale bien, creo que voy a poder jugar en la Liga Profesional”, asegura el entusiasta jugador.
Ramón juega con el voltaje alto, detalle que heredó de su padre, también acelerado para jugar. Y justo ese aspecto es uno de los que más atrae a los jefes en los Bravos, quienes le estimulan para que continúe jugando con esa intensidad.
“Un día que me vio jugar Bobby Cox (mánager de Atlanta) en un partido de preparación contra Houston, pegué dos jonrones y corrí como ‘loco’. Dicen que eso le gustó al señor y preguntó que de dónde había salido yo”, afirma el nica.
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