Espíritu de la educación

Con frecuencia las personas me preguntan por qué hacemos educación financiera. ¿Es que acaso no hay suficientes esfuerzos e instituciones en el mundo tratando de apoyar su divulgación?

Educación Financiera

Con frecuencia las personas me preguntan por qué hacemos educación financiera. ¿Es que acaso no hay suficientes esfuerzos e instituciones en el mundo tratando de apoyar su divulgación?

La frase “educación financiera” se ha puesto de moda, como emergencia de grandes crisis de sobreendeudamiento, en países desarrollados y en aquellos en vías de desarrollo.

Parece haber más atención y ojos puestos en apoyar la educación financiera, de parte de los gobiernos y de la cooperación internacional. Por eso existen cada vez más esfuerzos, de diferentes instituciones, para promover la educación financiera.

No todos los esfuerzos tienen la auténtica motivación de generar cambios de largo plazo, para bienestar de las personas. Algunas iniciativas se mueven sobre todo porque existe dinero para apoyarlas; otras, aunque bien intencionadas, carecen del liderazgo, motivación y/o de los instrumentos técnicos necesarios para contribuir a generar cambios efectivos.

Es válida la pregunta de ¿cuál es nuestra motivación básica para hacer educación financiera y qué tiene de diferente?

Pienso en una educación financiera responsable, que dé poder a las personas para manejar mejor su dinero, y así aumentar sus niveles de riqueza y el bienestar de sus familias.

Una educación financiera responsable tiene que partir necesariamente de entender la realidad y motivación de las personas a las que está dirigida, y ser capaz de crear procesos activos de reflexión y autocrítica constructiva, que propicien y motiven cambios de actitud y comportamiento de las personas respecto al manejo del dinero.

Una educación financiera responsable no ve al alumno como un receptor pasivo de conocimiento, sino, al contrario, como un actor activo, interesado en cambiar y mejorar su realidad. Es un actor con el cual construimos conjuntamente conocimiento financiero, según su necesidad y motivación.

Una educación financiera responsable suma esfuerzos de diferentes disciplinas: pedagogía, psicología, sociología, comunicación, finanzas y, en especial, manejo del dinero. Todas son necesarias para crear un “choque de realidad” con las creencias y valores financieros de los alumnos.

Una educación financiera responsable nos invita a realizar una “mesa redonda” con nuestros temores y miedos financieros, y nos provoca a repensar nuestros valores y creencias respecto al dinero, con preguntas de autorreflexión, con el arte de la duda y la crítica constructiva.

Una educación financiera responsable busca crear instrumentos simples y útiles, que puedan utilizar con facilidad cada día un gran número de personas, y las motiven y ayuden a tomar el control de sus ingresos y gastos.

Una educación financiera responsable nos ayudaría a despertar el espíritu empresarial, el que debe guiarnos a conseguir que nuestro dinero trabaje cada vez “más duro por nosotros”, en vez de pasar la vida “trabajando por él”.

Una educación financiera responsable propicia, como objetivo final, que las personas logren independencia o libertad financiera, es decir, que lleguen a ser capaces de crear activos o inversiones que les generen periódicamente ingresos superiores a sus gastos, independiente de si trabajan o no.

Por eso hacemos educación financiera, por la responsabilidad moral de apoyar a cada vez más personas a lograr su libertad financiera.

El autor es director de PROMIFIN, programa financiado por la Cooperación Suiza en América Central.

Economía

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