El estadio Soccer City será uno de los dos estadios rentables después de la Copa del Mundo. LA PRENSA/AFP/Monirul Bhuiyan

Estadios, mal negocio

Dentro de una semana caerá el telón del Mundial, el capitán de la selección vencedora levantará la copa, resplandecerá en la noche la luz de los fuegos artificiales, el séquito de la FIFA abandonará Sudáfrica y el país se preguntará qué será de esos estadios en los que ha invertido cifras millonarias.

Johannesburgo/EFE.- Dentro de una semana caerá el telón del Mundial, el capitán de la selección vencedora levantará la copa, resplandecerá en la noche la luz de los fuegos artificiales, el séquito de la FIFA abandonará Sudáfrica y el país se preguntará qué será de esos estadios en los que ha invertido cifras millonarias.

Diez estadios en nueve ciudades, cuatro de ellos renovados y otros seis especialmente construidos para albergar el Mundial, algunos de ellos en ciudades que ni siquiera cuentan con un equipo en la élite del futbol o el rugby nacional.

“Algunos de estos estadios, simplemente, no van a estar en posición de cubrir gastos. En este sentido, darán pérdidas”, dijo el mes pasado al diario Mail & Guardian el economista Stan du Plessis, de la Universidad de Stellenbosch.

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  • Para miles de ciudadanos uruguayos la clasificación de su selección a semifinales representa una alegría doble, pues la empresa que les vendió sus televisores les devolverá la mitad del valor de la compra, como había prometido si el equipo llegaba a semifinales.
  • MIL 600 MILLONES DE DÓLARES INVIRTIÓ sUDÁFRICA EN LOS ESTADIOS PARA LA COPA DEL MUNDO DE FUTBOL
La promoción, que incluía una camiseta celeste de regalo al adquirir el producto, beneficiará a todos aquellos que entre el 12 de abril y el 10 de junio compraron monitores LCD con precios que oscilan entre los 700 y los mil dólares, estimados en varios miles.

Afortunadamente para la compañía, sus responsables tuvieron la precaución de asegurar los monitores con un banco europeo.

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El Gobierno sudafricano ha desembolsado unos 2,600 millones de dólares en los estadios del Mundial, dos de ellos, el de las pequeñas ciudades de Nelspruit y Polokwane, para albergar solamente cuatro partidos de la fase previa, un dispendio insensato para no pocos analistas.

“Si yo estoy batallando en una gran ciudad, no quiero ni pensar en lo que están haciendo mis colegas en Polokwane y Nelspruit”, señaló Mike Sutcliffe, el administrador del estadio de Durban, uno de los recintos más costosos entre los construidos para esta fase final del Mundial.

Lo que están haciendo, dicen los propios interesados, es postularse para organizar un calendario de actividades, como conciertos o acontecimientos deportivos internacionales, que hagan rentable la construcción de estos recintos, a los que los anglosajones denominan “elefantes blancos”.

Sólo el estadio de Polokwane, en la provincia de Limpopo, una de las más menesterosas del país, se traga unos dos millones de dólares anuales en mantenimiento, una cifra colosal para una región extremadamente necesitada de una mejora de servicios básicos como la educación.

Ciudad del Cabo ha presentado un estadio espectacular que costó más de 400 millones de dólares, pero según la prensa sudafricana su construcción obedeció más a un capricho de la FIFA, y concretamente de su presidente, Joseph Blatter, que a las necesidades de la ciudad, que ya contaba con recintos perfectamente válidos para el torneo.

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El estadio de Port Elizabeth costó 160 millones de dólares y nadie sabe cuál será su futuro tras el campeonato, pese a que la ciudad busca atraer a algún equipo profesional para que lo convierta en su feudo, pero difícilmente podrá ser amortizado a base de conciertos.

Sudáfrica prometió organizar el mejor Mundial de la historia, una pretensión con la que difícilmente comulgan quienes han viajado al país africano, y para ello no dudó a la hora de invertir en unas instalaciones tan fabulosas como costosas.

Sin embargo, según Stan du Plessis, sólo el estadio de Durban y el de Soweto, el Soccer City, serán rentables a largo plazo, el resto serán deficitarios y estarán infrautilizados, un pronóstico muy poco halagüeño en el que pocos quisieron pensar antes del inicio del Mundial, pero que comienza a tomar cuerpo a siete días de su final.

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