Enviada Especial/ Johannesburgo
Portria es una linda joven sudafricana de 20 años que trabaja en el área de limpieza en el hospedaje Football Fan Village. Su horario de trabajo empieza a las 7:00 a.m. y concluye a las 6:00 p.m.
“Es un trabajo temporal, debo ayudar a mi familia con los gastos y pagarme mis estudios”, justifica Portria.
Portria estudia los sábados y cursa el segundo año de la carrera de Finanzas en la Universidad de Johannesburgo, y hace unas semanas recibió una beca completa por tener un excelente promedio en clases.
“Mis maestros dicen que soy buena con los números”, asegura con una gran sonrisa.
Sin embargo, su inteligencia no basta para sobresalir en un campo tan competitivo y desempeñarse en un empleo que esté ligado con su carrera universitaria.
Hace tres meses, Portria solicitó empleo en una compañía como ayudante en la asesoría, presentó todo sus papeles, quedó muy bien en la entrevista, su perfil, según ella cumplía con todos los requisitos para desempeñar el puesto.
“No quede, quizás mi pelo rizado y mi piel oscura no encajaba en un puesto que ahora ocupa una mujer blanca”, dice desanimada y a la vez molesta.
Portria considera que el racismo en Sudáfrica aún existe y eso se puede notar en el día a día.
“Si usted puede notar, aquí la mayoría de los puestos importantes los tienen los blancos, nosotros somos los de segunda planilla, conserjes, cocineros. Y no es que sea malo, pero es injusto que por ser de color no se nos dé las mismas oportunidades”, asegura.
Ayer, la FIFA anunció la campaña en contra de la discriminación racial en Sudáfrica, una campaña que estará presente en los estadios desde los cuartos de final que empiezan este 2 de julio.
“La Copa del Mundo es para Sudáfrica una gran oportunidad para muchas personas, genera empleo, pero el racismo siempre está, de alguna u otra manera, solo mírame, espero que cuando salga de la universidad trabaje de lo que estudié y no siga siendo la chica que limpia los baños”, expresa con insatisfacción.
La realidad en Sudáfrica es muy distinta a las que presentan los comerciales que impulsa la FIFA, en donde se muestran los lugares turísticos más frecuentados como el Mandela Square, pero ninguno de ellos refleja la otra realidad, el barrio Hllbrow, por ejemplo, donde vive la gente realmente sudafricana, la clase trabajadora, donde el color negro está claramente marcado en cada calle y se aleja totalmente de los edificios de lujo y el color blanco de la gran manzana de Johannesburgo.
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