Brasil enseñó su dentadura

Brasil volvió a disipar escepticismos e ilusionar corazones con una sólida demostración ante Chile, saltando a cuartos de final en el Mundial de Sudáfrica.


Por Edgard Rodríguez C.

Brasil volvió a disipar escepticismos e ilusionar corazones con una sólida demostración ante Chile, saltando a cuartos de final en el Mundial de Sudáfrica.

Tras esta exhibición, en la que Brasil no escatimó recursos para imponerse con autoridad, quedó establecida su candidatura al título, en un torneo en el que Alemania, Holanda y Argentina eran básicamente  los equipos que habían mostrado más profundidad y estabilidad en su desempeño.

Ahora se les une Brasil, que enseñó una fortaleza indiscutible, superior a todos los equipos, más cuando se habla del mediocampo hacia atrás, justo donde radica el fundamento de este plantel de Dunga, eficiente y ordenado, aunque todavía falto del juego bonito que siempre le ha identificado, pero que sabe apretar y ganar.

Chile entró al juego como un adversario de consideración y  respeto tras sus notables  presentaciones en la fase de grupos, en la que mostró sólidos argumentos y una llamativa combatividad para meter en dificultades a España, que golpeó de entrada y le hizo perder el balance. Pero los de Marcelo Bielsa reaccionaron y cerraron fuerte.

Ayer abrieron fuerte. Después de los primeros ocho minutos, tenían control del juego, volcados totalmente hacia la puerta brasileña y ejercían una asfixiante presión, pero fue Brasil el que generó la primera ocasión de peligro mediante un contragolpe que completó Lui Fabiano, aunque tiró desviado.

Y al instante el ensayo fue de Gilberto Silva. Y aunque para el primer gol hubo que esperar hasta el minuto 34, en el que Juan saltó para cabecear un tiro de esquina, ya los brasileños dominaban a su antojo el partido, con jugadores de colmillo, de esos  capaces de revertir un desafío de alta intensidad como los que se ven en cuartos de final.

Chile, que no mostró un jugador de esa jerarquía ayer, no terminaba de digerir el gol de Juan, cuando vino el de Luis Fabiano, tras una jugada orquestada por Robinho y Kaká, definida con maestría y con el portero chileno entre sus pies, tratando de evitar el bombazo inminente que los sacó del encuentro.

Robinho daría el tiro de gracia más adelante para el 3-0 que reflejó con claridad la superioridad manifiesta de los brasileños, mientras Chile, casi al cabo de una hora, generó sin éxito su primera oportunidad de gol a través de Valdivia, a la que le siguieron también sin fortuna, otras del incansable Suazo.

Pero al fin, vimos al Brasil que habíamos imaginado. Uno que pusiera la realidad a la par de las expectativas en un Mundial que se dirige sin freno hacia su fase culminante, dejando a su paso emociones de todo tipo.

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