Tomada de elmundo.com.sv Y AFP/EFE
Una mujer conducía su vehículo cerca del lugar donde quemaron un microbús y calcinaron a catorce personas. Éste es uno de los dos ataques a microbuses registrados el domingo en la noche y que costaron la vida a 18 personas.
Ella miró todo lo que sucedió. Esto es lo que nos contó.
De pronto escuché unos gritos despavoridos, horrorosos. Eran casi las 7:30 de la noche y con mi vista traté de ubicar el lugar donde se originaban esas voces desesperadas, macabras. Una luz opaca amarillenta no me dejaba ver con exactitud. Yo pasaba por ahí conduciendo mi vehículo cuando me percaté que algo pasaba. Miré hacia un sector y pude notar que aquellos gritos salían de un microbús aparcado cerca de donde estaba.
Los gritos de terror no paraban. En un momento la calle comenzó a iluminarse. El microbús agarró fuego. De adentro escuchaba los gritos de mujeres quemándose. Suplicaban que alguien llegara a sacarlas de ahí. Pero, sólo Dios podía hacer algo por ellas.
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Yo estaba asustada. Temblaba. Como sabía que algo grave ocurría marqué en mi teléfono celular el 911. Pero, fue infructuoso. Afuera del microbús al menos tres hombres le echaban gasolina para que las llamas cogieran más fuerza. Se reían como dementes. Yo sabía que no podía hacer nada. Si me bajaba del carro me habrían matado. Yo sólo me encomendé a Dios.
Fueron instantes. Minutos. No lo sé. Pero miré cómo, mientras el microbús cobraba más y más fuego, una mujer salió como volando por una ventana del vehículo. Después me di cuenta que fue su esposo quien la tiró para salvarla. Era una señora de la colonia Argentina. Vivía cerca de donde yo resido.
Después miré la silueta de un hombre (era su esposo), quien trató de saltar por una ventana. Pero, cuando trataba de hacerlo, varios hombres, con pistolas y fusiles, le dijeron que si lograba salirse siempre moriría por sus balas.
ENTRE DOS Y TRES MINUTOS DE HORROR
Todo pasó rápidamente. Creo que desde que llegué a ese lugar hasta que los asesinos se fueron pasaron como dos o tres minutos. Vi cómo esa gente murió injustamente. En medio de todo, uno de los pasajeros tuvo la fortaleza de enfrentarse a los hombres y logró escapar. Él se tiró por una ventana con el pantalón prendido en llamas. Cuando los hombres vieron que trataba de huir, comenzaron a dispararle. Al final, le pegaron dos o tres balazos en los pies. El pobre hombre gritaba pidiendo ayuda y se arrastraba con sus pies heridos.
Aquello era el infierno. Los malditos no paraban de reírse. Seguro estaban drogados. Yo no sé. Después se fueron corriendo y se llevaron sus armas cuando se aseguraron que el microbús ardía casi completamente.
Cuando el microbús todavía estaba en llamas, llegó un grupo de policías. Ellos comenzaron a auxiliar a las demás personas. Todos llorábamos por lo que estábamos viendo. Se percibía un fuerte olor a carne quemada. Mirar todo eso era horrible. Los sobrevivientes estaban aturdidos o quemados.
Después me fui a la casa. No pude dormir toda la noche. Lo que más tengo en mi mente son los gritos de aquel niño, o niña, no lo sé. Le aseguro que era un recién nacido el que se estaba quemando.
Dirigentes políticos y empresarios del transporte de este país piden pena de muerte para los pandilleros que perpetren crímenes como los ocurridos el domingo.
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