El mundo se le derrumbó a don Roberto Ruiz Barberena cuando su joven esposa y su gran amor, Jorgita Díaz Aráuz, de 36 años, fallecía al dar a luz a su décimo hijo. Con la partida de Jorgita, originaria de Camoapa, se cerraba una hermosa historia de amor, donde Ruiz, un granadino de buena apariencia luchó con garras por el amor de la camoapeña, hija de hacendado y de buena posición económica. Pero se iniciaba otra página también escrita con amor paternal, cariño y esmero. De esas que pocos hombres han escrito.
“Recuerdo cómo mi padre decía que los hijos no se regalan y que siempre íbamos a estar todos juntos. Cuando mi madre murió varias de mis tías materna le pidieron a mi padre que nos repartiera entre la familia para ayudarle a criarnos, pero él nunca quiso. Una vez también llegaron los padrinos de mi hermana mayor a llevársela y todos llorábamos y nos aferrábamos a ella. Éramos una marimbita de 10 hermanos de todas las edades, el mayor tenía 17 años y el menor había quedado de una hora de nacido”, recuerda, sin contener la emoción, la sicóloga María Lourdes Ruiz.
Añade: “Tengo presente cómo mi padre nos dormía y nos despertaba con un beso en la frente a todos mis hermanos. Pese a que era un hacendado, un hombre del campo, siempre tuvo mucho amor para nosotros. Él tenía un carácter muy afable para todo mundo, en especial para sus hijos. Lo recuerdo con una sonrisa siempre en sus labios”.
María Lourdes Ruiz, quien era la penúltima de los hijos de Jorgita y Roberto narra: “Mi padre era un hombre sumamente trabajador que se levantaba de madrugada y nosotros con él, sólo para que nos contara historias arrullados en sus piernas antes de que se fuera a trabajar”.
Pero la historia que más les gustaba escuchar a los hermanitos Ruiz era la historia de amor entre sus padres. “Ellos se casaron a escondidas porque la familia de ella se oponía a ese amor porque existía entre ellos la diferencia de clases y de edad, ya que él era diez años mayor que ella. Mi madre tenía 17 años cuando se casó y fue desheredada inmediatamente, pero mi padre demostró que se casó por amor y trabajó tanto que llegó a ser hacendado. A nosotros nunca nos faltó nada, nos educó lo mejor que pudo, tres de mis hermanos y yo estudiamos en México”.
No es tarea fácil
Para la sicóloga, que un hombre críe responsablemente a sus hijos no es nada fácil, conlleva mucho esfuerzo y un gran compromiso.
Señala que son pocos, pero hay hombres que por diferentes causas (viudez, abandono de la pareja) crían solo a sus hijos. “Estos padres-madre se responsabilizan de la crianza, del amor y la ternura. Del vacío que la madre ha dejado en su ausencia”.
“Generalmente el hombre se convierte en proveedor del hogar y pocas veces se involucra en la formación de sus hijos. Es más fácil seguir el patrón de conducta machista como una buena aparte de los hombres. Por eso encontrar a un padre dedicado a su hogar es como popularmente se dice: Es como encontrar una aguja en un pajar”.
Explica que esto se debe a los conceptos y valores tradicionales con que los hombres han sido educados. Por eso es que vemos cómo los hombres desde chiquitos se acostumbran a responsabilizarse de cualquier cosa menos de su hogar, por eso son dignos de elogio y admiración aquellos padres que asumen el compromiso de convertirse en un aliado de su pareja para educar de forma conjunta a sus hijos.
Para la especialista ser padre significa estar pendiente de todas las necesidades de sus hijos: alimentación, seguridad física, sicológica, emocional y espiritual. Estar pendiente de sus estudios, tener conocimiento de sus amigos, conocer de sus inquietudes y problemas, sus dudas y temores.
“El verdadero padre no es el proveedor, sino el padre cariñoso y tierno que está ahí cuando sus hijos lo necesitan, es un padre presente y no eternamente ausente. Es el hombre que está junto a su pareja siempre solidario cuando una enfermedad aqueja a alguno de sus hijos y saben sufrir desvelo cuando sus hijos sufren”.
Para los padres que han asumido la crianza absoluta de los hijos, la sicóloga recomienda enseñarles a respetar y no engañar a la mujer, enseñarles a ser responsables en el manejo de su sexualidad y no aconsejarles tener sexo fácil, no responsable.
Promover una crianza basada en el respeto, disciplina y responsabilidad.
“Un padre responsable no llena a los hijos de objetos materiales cumpliéndole todos sus caprichos, sino el que le enseña límites y decoro a sus hijos. Les enseña a actuar con justicia y caridad hacia el prójimo”
Sin duda estos padres tienen su recompensa en la retribución de ver en sus hijos hombres y mujeres de bien.
Nueva pareja
La sicóloga señala que si el padre-madre desea establecer una nueva relación amorosa tiene que dejarse un tiempo prudencial y valorar muy bien a la otra persona, su forma de pensar, sus metas y sobre todo los aspectos que tengan en común, porque sino puede criar un conflicto mayor en su familia.
“Es recomendable que conozca bien a la pareja, que analice las cosas que tengan en común y cuáles son sus deseos”, dijo.
La nueva pareja no deberá ser llevada inmediatamente a la casa a presentarla a sus hijos, su introducción debe ser poco a poco.
“El hombre debe buscar una pareja responsable de valores y principios morales y espirituales. Una mujer con muchas cualidades, compatibilidad de edades”.
A los seis años de viudez don Roberto Ruiz optó por una segunda esposa, doña Josefa, una mujer de 40 años y maestra que le ayudó en la crianza de los hijos menores. “Era una señora buena que había criado a sus 13 hermanos y que a nosotros nos entregó a todos casados”.
Protagonista de la vida
A criterio de la sicóloga, María Lourdes Ruiz, que un hombre acepte solo la crianza de sus hijos es aceptar un papel protagónico en una historia que dura toda la vida.
“ Comenzará en estos casos un extraordinario desafío que tendrá que ver con disciplinar al hijo. Vaya para todos esos padres nuestra admiración, respeto y reconocimiento por su esfuerzo, dedicación hacia sus hijos y que a pesar del dolor que los agobia, por la falta de la compañía de su pareja, dejan a un lado las penas para enfrentar la dura tarea de criar solos a sus hijos”.
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