El primer secretario de la Asamblea Nacional, Wilfredo Navarro, advirtió en una segunda misiva al embajador de Estados Unidos, Robert Callahan, que la falta de ratificación de parte de ese Poder del Estado al nombramiento de Francisco Campbell, como Embajador de Nicaragua ante su país, tendrá como consecuencia que su actuación sea ilegal, por ser de “facto”.
“¿Qué garantías pueden tener los Estados Unidos de América de que los acuerdos, convenios o tratados suscritos por un Embajador, falto de la legalidad necesaria para representar a su propio Estado, puedan en el futuro no ser reconocidos o declarados nulos? Sin duda, esto debería interesar a los funcionarios de su Gobierno, no por hacernos un favor a los nicaragüenses al defender nuestra Constitución, si no para asegurar la imperturbabilidad y certeza de sus propios negocios o acuerdos internacionales”, indica parte del texto enviado por Navarro.
De acuerdo con el parlamentario, el papel de Campbell será el de un enviado del Gobierno de Daniel Ortega a Washington, y no de un representante del Estado de Nicaragua, al no ser ratificado como lo contempla la Carta Magna.
La respuesta de Navarro a Callahan se debió a que el diplomático señaló que Estados Unidos no podía resolver los problemas internos del país, cuando se le planteó en una primera misiva que no se le otorgase el plácet por no cumplir con lo establecido en las leyes nacionales, y que su intención era que observarán precisamente el respeto a las legislaciones vigentes.
“Le reitero que la aceptación de un embajador espurio trae consecuencias jurídicas negativas. Cualquier acto, documento, convenio suscrito por el señor Francisco Campbell estaría viciado de nulidad absoluta, por lo ilegal e ilegítimo del nombramiento. Lo que no obligaría en el futuro al Estado de Nicaragua, si así se alegara”.
Agrega que “comparto su opinión de que tener embajadores representando a ambos países mejora la comunicación, pero esa afirmación es correcta cuando esos embajadores llenan los requisitos que señalan las leyes de ambos países. De lo contrario sería promover la ilegalidad y el desorden internacional”, concluye Navarro.
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