Río de Janeiro/ AFP
Las autoridades de Río de Janeiro comenzaron ayer la demolición de casas en zonas de riesgo en ocho favelas para evitar muertes tras las peores lluvias en décadas, en tanto el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva prometió ayuda sin “límite” para el estado.
Las inundaciones y deslizamientos de tierra por las lluvias fuertes caídas entre lunes y martes de la semana pasada, por más de 20 horas, dejaron en el estado de Río de Janeiro un saldo parcial de 229 muertos y unos 53,000 desalojados o desabrigados, según información oficial.
“Haremos todo lo que sea necesario (para ayudar a Río)”, dijo Lula el lunes en su programa semanal de radio. “No hay límite” para el monto a destinar al estado, subrayó el gobernante, quien no obstante pidió un “relevamiento real” para conocer la magnitud de los daños.
El domingo, el gobernador Sergio Cabral anunció que el Gobierno federal prestará a Río unos 2,295 millones de dólares para atender daños y que unos 554 millones serán para un plan de viviendas y remoción de favelas en áreas de riesgo.
El último balance oficial indica que los más afectados son el municipio metropolitano de Niteroi (unido a Río por un largo puente) con 146 del total de muertos y la capital estatal, Río, con 63 fallecidos.
En la favela Morro de Urubú, en Pilares (norte de Río), las excavadoras destruían desde el lunes unas 300 casas clausuradas por la Defensa Civil luego de que sus habitantes fueran evacuados el domingo, presenció un fotógrafo de la AFP.
POLÍTICA DE DEMOLICIÓN
El alcalde de Río, Eduardo Paes, confirmó el domingo una nueva política oficial de demolición de casas en zonas de riesgo y precisó que unas 4,000 familias de otros siete barrios deberán abandonar sus hogares en próximos días.
La alcaldía les dará una “renta social” de hasta 256 dólares mensuales por familia como ayuda mientras se construyen nuevas casas.
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