corresponsal/ Chinandega
La duda está en el ambiente en el poblado de El Realejo, Chinandega, sobre la muerte de Francisco Antonio Orúe Acevedo, de 37 años, quien aparentemente murió de enfermedad el Lunes Santo en un hospital salvadoreño.
El inmigrante agonizó durante dos días en una playa en el departamento de San Miguel, El Salvador.
Su madre, Elba Nubia Acevedo, trasladó el cadáver con muchos esfuerzos para sepultar a su vástago en el cementerio local.
Ella se pregunta si fue el consumo de cervezas lo que acabó con la vida del chinandegano, aunque así lo certificó el Instituto de Medicina Legal de El Salvador.
Pero según versiones de testigos, dos damas le dieron cervezas para luego robarle 150 dólares. Una parte del dinero que cargaba era producto de la venta de hot dog.
“Él padecía de gastritis”, mencionó resignada la mujer, aunque cree pudo ser víctima de un envenenamiento.
Orúe Acevedo, al momento de su muerte, tenía dos meses de laborar en El Salvador, y su desaparición preocupó a sus patrones, quienes se sorprendieron de hallarlo tirado a la orilla de la playa.
El carrito de hot dog, instalado sobre una bicicleta, fue encontrado tapado por el agua.
Un lavado gástrico en el hospital San Juan de Dios de San Miguel no bastó para salvarle la vida a Orúe, lo que aumenta la duda de su muerte y por la que sufren sus familiares.
“Mi hijo padecía de gastritis; no puedo creer que haya fallecido de muerte natural por lo que pido a las autoridades que investiguen lo que realmente le ocurrió en El Salvador”. Elba Nubia Acevedo, madre de Antonio Orúe Acevedo, muerto en San Miguel, El Salvador.
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