No pretendo dar una clase sobre valores por dos motivos: primero, no soy un experto; segundo, no alcanzaría el espacio de la columna.
Escribo acerca de ellos por la importancia de los mismos en cualquier sociedad, sin diferencias entre países desarrollados o no desarrollados.
Un concepto de valor, abarca contenidos y significados diferentes, desde diversas perspectivas y teorías. En sentido humanista, se entiende por valor lo que hace que una persona sea tal, sin lo cual perdería la humanidad o parte de ella.
El valor se refiere a una excelencia o a una perfección. Desde un punto de vista socioeducativo, los valores son considerados referentes, pautas o abstracciones que orientan el comportamiento humano hacia la transformación social y la realización de la persona. Son guías que dan determinada orientación a la conducta y a la vida de cada individuo y de cada grupo social.
¿Cambian los valores? Los valores son producto de cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Surgen con un especial significado y cambian o desaparecen en las distintas épocas.
Por ejemplo, la virtud y la felicidad son valores, pero no podríamos enseñar a las personas del mundo actual a ser virtuosas según la concepción que tuvieron los griegos de la antigüedad.
Es precisamente, el significado social que se atribuye a los valores uno de los factores que influye para diferenciar los valores tradicionales, que son aquéllos que guiaron a la sociedad en el pasado, generalmente referidos a costumbres culturales o principios religiosos de los valores modernos, que son los que comparten las personas de la sociedad actual.
Pero, ¿qué valores debiéramos evidenciar?, ¿los espirituales? (lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto); ¿los religiosos? (lo santo y lo profano); ¿los estéticos? (literarios, musicales, pictóricos); ¿los intelectuales? (humanísticos, científicos, técnicos), ¿los valores morales? (individuales y sociales); ¿los afectivos? (amor, sentimientos, emociones).
Indiscutiblemente la amplia gama de clasificaciones de valores nos da a pensar la complejidad de evidenciarlos en todo momento, donde posiblemente las circunstancias mismas y el entorno nos conlleven a que unos afloren más que otros, en el momento preciso, con la condición y madurez de poseerlo y estar consciente de ello.
El hecho mismo que una persona no pueda ser exactamente igual a otra, “justifica” que para una misma situación podrían evidenciarse diferentes expresiones de valor: Unos más ordenados que otros, el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado; terminar lo que emprendemos; la necesidad de recibir dirección y ayuda en todos los aspectos de nuestras vidas; descubrir en las personas sus necesidades, con una actitud permanente de servicio; brindar ayuda de manera espontánea en los detalles más pequeños; conservar la calma en medio de nuestras ocupaciones y problemas, mostrándonos cordiales y amables con los demás; mejorar la capacidad de comunicación y de adaptación en los ambientes más diversos. ¿Cuáles priorizaría usted?
Ver en la versión impresa las páginas: 9 B