LA PRENSA/ARCHIVO

La cama… ¡el termómetro de la relación!

Si estamos heridas, resentidas, insatisfechas, pues es normal y comprensible que no tengamos deseos sexuales hacia nuestra pareja

Ana Salgado

Una de las situaciones que encuentro más comúnmente en terapia son personas con graves problemas en su relación de pareja, quienes llegan a consulta preocupados por lo que consideran como un problema sexual.

Esta no es una experiencia única de mi consulta, en realidad, la falta de deseo sexual es la disfunción sexual más común en el mundo. En Nicaragua, las cifras son epidémicas: 64% de las mujeres y 46 % de los hombres (aunque usted no lo crea) reportan que no tienen ganas.

Hay dos tendencias que influyen en que las parejas confundan sus problemas de pareja con un problema meramente sexual. Por una parte, están las personas que creen que la vida sexual está desligada del resto de los aspectos de la relación. Es decir, parejas que se ofenden, se ignoran y se descuidan mutuamente no pueden comprender por qué, luego, no tienen ganas de hacer el amor. La relación es algo continuo y la cama es sólo un termómetro que nos dice cómo estamos en general.

¿Por qué nos apartamos?

Y es que, de todo lo que pasa en el sexo, el deseo es la parte más emocional. Cualquier resentimiento nos puede dejar apagados, pero generalmente nos resentimos por tres razones:

Que tu compañero es afectivo (es decir, te da abrazos, besos, te dice que linda estás, que te quiere, etc.) sólo cuando quiere sexo.

Cuando la comunicación está mal y por lo tanto la pareja tiende a dejar los conflictos sin resolver o las soluciones a las que llegan no satisfacen a una de las partes.

También existe la posibilidad de que el resentimiento haya tocado lo más importante y la pareja ya no sienta amor, romance o proximidad emocional.

Como vemos, si estamos heridas, resentidas, insatisfechas, pues es normal y comprensible que no tengamos ganas.

En el otro extremo, están las personas que creen que la cama todo lo cura y pretenden resolver problemas graves con un revolcón y que la pasión lo cure todo. Cuando la pareja tiene problemas de fondo, no podemos esperar que desaparezcan mágicamente, como si el sexo pudiera ser usado como pomada, remedio superficial a diferencias, roces y conflictos que tienen causas profundas.

La fórmula mágica de hoy en día parece ser “cómprese algo sexy (la lipo no le vendría mal tampoco, nunca se está suficientemente flaca) para avivar la llama de la pasión y vivirá feliz para siempre”. Cuando la relación está tan dañada, no podemos confiar en soluciones ligeras. La solución debe ser profunda, resolver los conflictos, atender los resentimientos, promover la comunicación, la afectividad, el respeto y a ese proceso de sanación, el deseo le seguirá, volverá naturalmente.

Y no estoy menospreciando el valor de una buena vida sexual en mantener el engranaje de la relación o los beneficios de un buen sexo de reconciliación para limar asperezas y renovar los votos de intimidad, complicidad y amor. Pero antes de llegar ahí, hablen (y tal vez más importante, escúchense), resuelvan los problemas de raíz. Si sienten que solos no pueden y sienten que la necesitan, busquen ayuda profesional.

Como siempre, para cualquier comentario, duda o sugerencia sobre este u otros temas, pueden escribirme a [email protected].

*Terapeuta Sexual y de Parejas

www.tusexosentido.com

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