Por Annetta Rayo Ruiz
En un pueblito tranquilo y rodeado de verdosas montañas vive Juancito, un chavalo menudito y muy flaquito, de tez morena y cabello desaliñado. Su familia es muy humilde, pero, eso sí, de buenos principios y valores morales.
Sus papás siempre le decían que los hombres honestos son honrados, transparentes, sinceros, francos y valientes. En ese momento el pequeño no entendía con exactitud el valor de cada una de esas palabras, pero con el tiempo le dio la razón a sus padres.
Una tarde, como de costumbre, cambió su ropa, y se puso sus prendas de juegos (camiseta y pantalón corto), para encontrarse con sus “brothers” frente a la panadería de don Francisco y divertirse con las chibolas.
Después de varios minutos de juego, Juancito decidió sentarse en la cuneta y descansar un ratito, en ese momento don Róger estaba bajando las canastas de pan caliente para abastecer la panadería de don Francisco, cuando de repente un papel delgado de color verde pasó frente a sus ojos, por unos segundos cayó en el suelo, pero así como llegó se fue.
Inmediatamente Juancito intentó agarrarlo, pero un fuerte viento lo elevó por los aire sin rumbo. El pequeño corrió y saltó para tomarlo, pero éste parecía tener vida propia.
—¡Lero, lero… alcanzame, si podés! —le decia el billetito.
El pobre Juan corrió y corrió hasta arriesgar su vida, pero nada. Por un momento el billetito volador se detuvo en la copa de un inmenso árbol.
—¡Este billete no me va ganar, lo voy atrapar! —exclamó el pequeño.
Así que subió rapidito, cuando parecía que esta vez sí lo tomaría, el árbol se meció y el billete alzó vuelo nuevamente. Pero esto no desmotivó a Juancito, así que bajó de entre las ramas y lo siguió.
En cuestion de segundos empezo a brisar, el pobre chico se las vio fea, ya estaba cansado, lejos de su casa, empezaba a oscurecer y para rematar, mojado.
Cuando todo parecía perdido, se sentó bajo las hojas de un árbol para esperar que acampara el agua, y como arte de magia el billetito cayó en sus pies.
Disimuladamente lo levantó y lo tomó fuerte entre sus manos.
Rápidamente regresó al punto de partida, afortunadamente allí estaba don Róger, se acercó donde él y le dijo:
—Don Róger, este billete se le cayó, mientras entregaba el pan.
—¡Gracias, hijo! ¿Y cómo llegó a tus manos? —le preguntó, sorprendido.
Y el pequeño con lujo de detalles le contó toda su aventura para alcanzarlo, aunque no era mucho dinero (10 córdobas). Don Róger estaba agradecido y asombrado de la honestidad del pequeño y lo felicitó por su valiente actitud.
LA HONESTIDAD:

Cuando una persona es honesta se comporta de manera transparente con los demás, es decir, no oculta nada. La persona honesta no toma nada ajeno, ni espiritual ni material: es un individuo honrado.
Recuerden chavalos, ser honesto exige valor para decir siempre la verdad.
PARA SER HONESTOS:
Conozcámonos a nosotros mismos.
Expresemos sin temor lo que sentimos o pensamos.
No perdamos nunca de vista la verdad.
Cumplamos nuestras promesas.
Luchemos por lo que queremos jugando limpio.