Satoko Tamura. la prensa/G.Flores.

Satoko Tamura

Lactancia Como te dio hambre, te despertaste buscando el pezón; como los pechos se colmaron, se despertaron buscándote y la madre en la cama se levanta y te toma en sus brazos. A la medianoche una nieve de flores firmemente abiertas tus mejillas junto a mis pechos, la blusa desabotonada, están heladas, sufrientes, los párpados […]

Lactancia

Como te dio hambre, te despertaste buscando el pezón;

como los pechos se colmaron, se despertaron buscándote

y la madre en la cama se levanta y te toma en sus brazos.

A la medianoche

una nieve de flores firmemente abiertas

tus mejillas junto a mis pechos, la blusa desabotonada,

están heladas, sufrientes,

los párpados bajos

se han colmado de lágrimas

que iluminan como portátiles

lámparas de papel.

¿Huele a hierba la leche?

¿Te he dejado satisfecho?

¿Flotas ya en el sueño?

Tu sueño nunca se caerá

porque lo sostengo con brazos de madre.

Madre e hijo

nos calentamos con la frescura

y el calor de la vida

y vamos subrepticiamente

por las noches en que vienen los diablos.

Borges con maquillaje

Sin duda es él.

Lo encontré donde esperaba:

en un bar del arrabal,

bajo los bulbos azulejos del gas

pelando una naranja

la fruta pelada es una esfera de cristal y

en sus manos huele a rosa misma.

Contra la pared rosada del local

donde está encajado, los espejos por doquier,

su gigantesca cabeza se apoya:

los pelos cepillados, molidos por el tiempo

y los ojos estropeados.

Se ponen dos espejos de uno y otro

de un ojo abierto justo desde que nace

un cosmos de nuevas miradas como los tactos

del universo de los ojos multiplicados

que reflejan la cara del viejo.

Una bella mujer maquilla a aquel

que cierra los párpados en éxtasis.

La virtuosa esposa con blusa negra de seda

o alguna tanguista en el lupanar.

Ella extrae las espinas mortales de su cara,

le pone los polvos de transparencia en la cara total

y resalta la vida en las mejillas

y los párpados en cada pincelada.

Él tantea el suelo con tres patas, plácidamente

éste bulle como un bandoneón

ejecutado por un borracho.

Entonces se pone un lente y ve la esfera

llena de fulgor amarillento.

Él se fija en ella y lee su suerte

escondida en los dibujos rayados del tigre

como un adivino Maya.

En la pampa se abre el horizonte

con el extraviado sonido del organito roto

que trajeron los marineros.

Allí llega el pueblo con la esperanza

y muere crucificado en la nostalgia de la patria.

El pueblo abandonado doblemente por la patria y la tierra nueva

sin tejer ni un pedazo del sueño,

vaga por el laberinto del gran tiempo

y se encuentra con su rostro verdadero y eterno

un momento antes de su muerte.

El poeta ha descubierto la suerte;

su rostro era el rostro mismo de la madre.

«¡Mamá, mamá, en su origen

mi verdadera existencia es sólo la mitad de mi mismo

el resto es tuyo!

Tú vives en mí mientras que yo me maquillo.» *

El poeta pide al camarero una bolsa de cocina

para guardar la naranja con cáscara.

Nunca entiende la gente del suburbio

por qué guarda él tan cuidadosamente esa fruta vulgar.

* La idea de esta parte es tomada de la película Psycho de Alfred Hitchcock

Viaje en otoño

Dentro del azul de los adobes están escondidas las pequeñas muertes.

Por las noches invitan sacudiendo las muñecas

y cada vez llega una nueva sombra y canta a solas sigilosamente.

El horror con el sombrero negro

viene a quebrar las músicas de mi memoria.

Voy buscando los perdidos

y llego al fin hasta aquella persona

cuyos labios delgados sorben mis esperanzas.

Oh, el viajero todavía no ha nacido

¿cómo atraviesa el río de la muerte

acompañado con espanto de la bestia infantil

en la primera noche de cautiverio? Satoko Tamura . Libros publicados: Mapa profundo (1973), Otoño de Iberia (1978), Al sur (1985), Sobre los sonetos de Gabriela Mistral (1994). Traductora de García Márquez y Cortázar al japonés, ha compilado y traducido también una antología de literatura japonesa contemporánea, publicada ya al español. Invitada al festival internacional de poesía de granada.

La Prensa Literaria

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