Un ejemplo a seguir

Rabi es un conejito inquieto y muy hablantín. Le encanta viajar y vivir nuevas experiencias. Mientras recorrían el bosque en busca de un lugar donde pasar unos días, conoció a la familia Foxy, una tropa de zorritos y su adorable abuelita, una anciana estricta, pero muy sabia. La química entre ellos fue inmediata, así que lo invitaron a quedarse en su casa, dándole cobijo y buena atención al pequeño conejo.

Por Annetta Rayo

Rabi es un conejito inquieto y muy hablantín. Le encanta viajar y vivir nuevas experiencias.

Mientras recorrían el bosque en busca de un lugar donde pasar unos días, conoció a la familia Foxy, una tropa de zorritos y su adorable abuelita, una anciana estricta, pero muy sabia. La química entre ellos fue inmediata, así que lo invitaron a quedarse en su casa, dándole cobijo y buena atención al pequeño conejo.

El conejito se sintió emocionado por todas las atenciones, y se impresionó de la disciplina de los pequeños, ya que todos tenían obligaciones que cumplir en el hogar, además de hacer sus tareas. Aquello parecía un equipo bien organizado.

A la hora de la cena, mientras uno ordenaba la mesa, otro ponía los platos y cubiertos, el resto se lavaba las manos, parecía un juego divertido. Entretanto, la abuelita los observaba desde su silla mecedora. La dedicación de los chicos hacía ella era evidente.

Todo marchaba en armonía y no era para menos, los muchachos conocían el concepto de respeto, el cual debían tener hacía un mayor de edad.

Durante los días que Rabi permaneció en el hogar de la familia Foxy aprendió mucho sobre el respeto, los deberes y las obligaciones que tienen los chicos, ya que en la mayoría de las casas, en las cuales había vivido, los adultos se encargaban de hacer todo, mientra los pequeños se dedicaban a jugar o esperar que las cosas se las hicieran sus padres.

Ayudar a nuestros papás con los quehaceres del hogar, es una forma de darles una mano, y aprender a ser ordenados.

El conejito quedó muy contento con el trato de sus nuevos amigos. Pero debía seguir su camino en busca de nuevas experiencias, así que una mañana se despidió de ellos dándoles las gracias, pero no se fue con las manos vacías, sino todo lo contrario, con una lección y un ejemplo a seguir.

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