Tammy Zoad Mendoza M
No todos consiguen la tarjeta de entrada a la “U”. El costo es trabajo, esfuerzo, sacrificio y estudio.
Se sentó tranquila en el pupitre a contemplar sus exámenes. Tres juegos de páginas especialmente diseñadas para poner a prueba sus mentes y sus nervios.
Belén Balladares estaba decidida a desmenuzar cada ejercicio. Con lápiz en mano inició sus cálculos en el examen de matemáticas. Porcentajes por aquí, puntos decimales por allá, ecuaciones, problemas, vectores, números arriba y abajo. Paso a paso realizó los 105 items de su examen, pero el capítulo no había terminado.
Ella debía enfrentarse ahora a un test de lógica lleno de preguntas capciosas e ingeniosas para llevar al límite su destreza mental. Una vez contestadas todas las preguntas sólo quedaba una parte más, el español sería la última parte de este bloque.
Le quedaban ya sólo unas hora más y aunque su mente estaba agotaba, su espíritu seguía sereno y confiado en llegar triunfante hasta el final. Una lectura, un párrafo, una oración, la última palabra y el punto final de este capítulo.
En tres horas y veinte minutos realizó los tres exámenes. Se tomó su tiempo, analizó las preguntas, contestó con calma y ojeó antes de entregar.
Salió del salón y sus padres la abrazaron en señal de apoyo y confiando en resultados positivos. Y así fue, en su segundo intento, por segundo año consecutivo Belén Balladares logró al fin aprobar el examen para ingresar al año común en la UNAN-León.
“En el 2008 apliqué, estuve en un curso con unos amigos por tres semanas pero realmente no estaba concentrada y al final con los exámenes de frente no supe ni qué contesté”, confiesa Balladares, “pero el año pasado puse todo mi empeño e hice el segundo intento, ahora estoy totalmente feliz de haber entrado al año común y trabajaré para clasificar en Medicina, ésa es mi próxima meta”, suspira la joven de 17 años.
No es imposible
Como ella, miles de estudiantes aplican a los exámenes de universidades estatales con la esperanza de clasificar, pero sólo algunos logran entrar. ¿Será que es realmente imposible?
“Fueron más los nervios y la expectativa. Es cierto, estudié mucho y me concentré en el examen, pero no son pruebas a matar”, cuenta Cecilia Reyes Muñoz, de 18 años, una chavala pilas puestas que logró su ingreso al año común en el 2009 y este año alcanzó otro logro en su récord.
Ella es una de los casi treinta estudiantes de Bioanálisis Clínico quienes gracias a su promedio, 89.9, lograron iniciar sus estudios universitarios. “Es un camino que inicia con la firme decisión y la convicción de hacer las cosas bien. Si es la carrera que amás, las clases no serán pesadas”, asegura Cecilia, quien también estudia en la UNAN-León. D
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