Por Martha Solano Martínez
Fotos de La Prensa/ Agencias
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La historia y los desastres naturales los han castigado desde siempre. Piratas, esclavitud, dictaduras, huracanes y ahora un terremoto que, además de dolor, les deja abierta la puerta para un verdadero renacer del país más pobre de América Latina
Su posición geográfica había acostumbrado a sus habitantes a sufrir los efectos de constantes huracanes. De los 65 desastres naturales que se contabilizan en las últimas dos décadas, a estas alturas Haití ni siquiera contaba con un equipo de rescate que respondiera a las necesidades y el terremoto llegó.
El 12 de enero la tierra se sacudió, los pocos edificios que había en la ciudad principal, Puerto Príncipe, se derrumbaron y junto con ellos terminó de llegar al suelo un país que apenas intentaba gatear.
200 mil muertos, un millón de afectados y unas 400 mil personas que acampan en cualquier parte de la ciudad en espera de la ayuda internacional que no se hizo esperar para el país más pobre de América Latina, que, aunque fue el primero en alcanzar su independencia —y muchos lo recuerdan con orgullo—, nunca ha logrado levantar cabeza por los múltiples problemas que le han frenado: esclavitud, dictaduras, corrupción, deforestación, analfabetismo hambre y miseria.
La ayuda comenzó a llegar desde el primer día de la tragedia y a pesar de la notable presencia de militares estadounidenses dominando el control de lo que queda de la ciudad y sus pobladores, Francia se apura a organizar en Montreal, Canadá (mañana 25 de enero) una cumbre mundial de donantes para crear un plan de reconstrucción y desarrollo de Haití.

Como adelanto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) contempla y es muy probable que ocurra— la condonación de la deuda de Haití y prometió un préstamo que también podría ser perdonado, de 100 millones de dólares para que el Gobierno reanude sus actividades.
Esta semana el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, declaró que este país que ocupa la tercera parte de la isla La Española, compartida con República Dominicana, necesita “una especie de Plan Marshall” como el que se llevó a cabo en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.
Otros proponen que ante la falta de recursos tanto técnicos, económicos y humanos del propio Gobierno haitiano, los principales países donantes se repartan responsabilidades.
La idea vino de un diputado dominicano, quien señaló en un medio local que Brasil e Israel podrían encargarse de la gestión ambiental, Cuba y Francia del sistema de salud y educación, Venezuela de resolver los problemas comunes de energía y otros podrían emprender tareas para devolver el orden público en un país que ha vivido en caos permanente.
La historia de Haití es como repasar una novela con el drama aflorando desde la primera línea. En los tiempos de Cristóbal Colon fue en Haití donde se realizó la primera construcción del “Nuevo Mundo”.
El territorio fue colonizado por España, luego Francia, y durante ese periodo sus habitantes nativos sufrieron constantes ataques de piratas y la barbarie de la esclavitud que fueron sometidos hasta 1804, cuando, tras una rebelión, proclamaron su independencia, aunque no hubo mucho progreso.
Haití llegó a ser en el siglo XVIII el mayor centro de la colonia azucarera a nivel mundial, pero las ganancias no se quedaron ahí, sino que fueron llevadas a Francia, proporcionándole una cuarta parte de su riqueza, según datos de la revista The Economist.
Tras una serie de gobiernos débiles, en 1915 ocurrió la primera intervención de Estados Unidos y duró casi 20 años.
En 1957 inició la etapa de las dictaduras al mando de Francoise Duvalier, conocido como Papa Doc, quien gobernó con apoyo de Estados Unidos y se proclamó presidente vitalicio.
Y al igual como ocurrió en Nicaragua con la dinastía de los Somoza, en 1971 traspasó el poder a su hijo Jean Claude Duvalier (Nene Doc), a quien se responsabiliza por el alto índice de analfabetismo y miseria en que fue sumido el pueblo haitiano.
En 1986 experimentaron otra dictadura, la de Jean Claude Duvalier, y otra vez entró en el juego la “intervención amistosa” de Estados Unidos para que se llevara a cabo el traspaso de poder a Jean Bertrand Aristide, quien gobernó durante tres periodos: de febrero a septiembre de 1991, 1994-1996 y 2001-2004.
Durante el último gobierno de Aristide, Haití vivió muchos conflictos a causa de las medidas autoritarias que lo caracterizaron. Hubo levantamientos armados de bandas que comenzaron a operar en los barrios populares y la oposición fue reprimida por la fuerza policial.
En un país donde casi el 80 por ciento de la población es pobre y el 70 por ciento de ésta para subsistir recurre a la agricultura en las pocas tierras fértiles que quedan, tal como han indicado los principales países donantes, lo que se necesita es crear un plan no de “reconstrucción”, sino más bien de reconversión de una sociedad que ha estado sumida en la miseria y encuentra en ésta su única forma de vida.
La falta de empleo azota a los haitianos y ha provocado que al menos un millón de ellos hayan emigrado a otros países, principalmente la vecina República Dominicana y Estados Unidos.
Se necesita un golpe de timón que revierta la situación de al menos la mitad de la población que permanece iletrada, crear un plan que permita renovar la riqueza de los recursos naturales que ante la falta de energía han sufrido el despale desmedido, dejando nada más un dos por ciento de la superficie arbolada, provocando una fuerte erosión y, por consiguiente, disminuyendo las posibilidades de producir sus propios alimentos.
Pero para que todo esto avance, primero, los países donantes en conjunto con lo que queda del Gobierno de René Préval, deben ponerse de acuerdo y superar las fricciones que surgieron en los últimos días tras la dominante presencia de diez mil militares estadounidenses y el notable control que este país ha tomado en la situación.
Hace una semana, Francia reclamó a Estados Unidos por el control que sus militares mantenían en el Aeropuerto de Haití.
El secretario de Estado francés para la Cooperación, Alain Joyandet, dijo que hubo dificultades para que dos de sus aviones que fueron enviados con ayuda humanitaria lograran aterrizar, debido a que los militares estadounidenses no habían dado el aval.
“La ONU está trabajando, espero que haya una decisión (y) se precisen las cosas en cuanto al rol de Estados Unidos, porque se trata de ayudar a Haití y no de ocupar a Haití”, dijo Joyandet.
Entre las voces que se unieron al reclamo están las de los presidentes de Nicaragua y Venezuela, Daniel Ortega y Hugo Chávez, respectivamente.
“Se está manipulando un drama para instalar tropas norteamericanas en Haití, que ya han ido tomando el control militar del aeropuerto en Puerto Príncipe y esto es preocupante”, declaró Daniel Ortega.
“Pareciera que Estados Unidos estuviera ocupando militarmente Haití aprovechando la desgracia”, dijo Chávez.
El lugar más mísero
Xavier Gorostiaga, durante una visita que hizo en 1994 para encontrarse con Jean Bertrand Aristide, quien fue sacerdote católico, describe a Haití como “el lugar más pobre e insalubre que puedo recordar, aún más mísero que las favelas de Río o Sao Paulo o que las poblaciones miserables de Chile, Lima o Bolivia. Peor que las numerosas Acahualincas de Centroamérica”. b
Revista Envío, diciembre, 1994
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