Wilhelmy Gabriela Castro Torres.
Matagalpa, 7 años.
En la casa de la abuela Carmen había un gatito juguetón, llamado Sifú y éste desde que llegó a casa de la abuela olfateó, buscó y logró ver de largo a un ratoncito que muy astutamente salía de su cuevita exactamente a la hora que la abuela daba de comer a Sifú y que muy atrevidamente este ratoncito a quien llamaremos Gonzalo, se salía con la suya, pues lograba robarle parte de su comida.
Al pasar el tiempo y cansado ya Sifú de tal atrevimiento, se propuso buscar la manera de cazarlo.
No había rato, ratito, ni ratote en que Sifú intentara una, otra y otra vez, cazar a este astuto Gonzalo.
Corrían, saltaban, frenaban a cual más rápido o quizás uno de ellos se convertía en lento, así pasaron horas, días, noches, semanas y meses, hasta que un día de tantos, ya cansados los dos de la persecución sin obtener nada bueno; únicamente el cansancio y el envejecimiento pararon de correr y decidieron hacer un pacto de amigo: ambos para tener casa y comida debían compartir el alimento que la abuela Carmen les daba muy gentilmente y qué creen desde ese día fueron los mejores amigos que yo he conocido, y hasta comen juntos en el mismo tazón muy felices.