CABLES COMBINADOS
Después del terremoto de 7.0 grados Richter que se registró en Haití el pasado martes y que ha dejado decenas de miles de muertos y heridos, el gran reto para las misiones de distintos países que han acudido en auxilio del pueblo de la isla caribeña ha sido establecer un orden en una ciudad que perdió toda su infraestructura.
En medio de las dificultades las misiones de rescate y ayuda han tenido que desarrollar simultáneamente cuatro tareas urgentes, restablecer el orden, distribuir la ayuda (alimentos y medicinas), rescatar a los sobrevivientes y los muertos que aún permanecen enterrados y por último enterrar a miles de cadáveres.
El primer obstáculo para lograr todos esos objetivos lo representó el aeropuerto de la ciudad de Puerto Príncipe, que además de poseer poca capacidad para albergar aviones perdió su torre principal.
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Ante el caos establecido en el puerto aéreo ayer los soldados de la 82 División Aerotransportada de Estados Unidos se desplegaron en las instalaciones, desatando escenas de ira cuando intentaban controlar a una desesperada muchedumbre que buscaba abandonar el país.
“Atrás, atrás. No quiero ser grosero, pero usted tiene que apartarse”, gritó un soldado mientras un oficial francés intentaba conducir a un grupo de ciudadanos franceses hacia la terminal aérea.
PRIMERO LOS CIUDADANOS ESTADOUNIDENSES
“Sólo pasaporte estadounidense, sólo pasaporte estadounidense”, repetía en francés un frustrado funcionario del Departamento de Estado, mientras los refugiados haitianos se comenzaban a agolpar en una zona dispuesta para los ciudadanos estadounidenses que podían esgrimir un valioso pasaporte azul.
Estos soldados fueron los primeros en llegar de los 1,000 que se esperaba que arribaran al país caribeño ayer.
Estados Unidos estará desplegando unos 10,000 efectivos en Haití en los próximos días, aunque muchos permanecerán en una flota de naves de la Marina.
Este destacamento es el mayor hasta el momento en Haití, tres días después del potente terremoto.
Los soldados se instalaron en el aeropuerto y tomaron control de la entrada a la terminal, donde comenzaron a filtrar a los portadores de pasaportes estadounidenses.
Hubo confusas y en ocasiones enojadas escenas de diplomáticos no estadounidenses que buscaban extraer a sus propios ciudadanos.
Al principio, tropas estadounidenses y funcionarios del Departamento de Estado hicieron retroceder a diplomáticos franceses que intentaban llevar a 64 nacionales al primero de los tres aviones destinados a sacarlos del país.
“Sólo estamos estableciendo puntos de control”, explicó el sargento Kelab Barrieau.
A medida que el orden se restauraba y que los extranjeros comenzaban a abandonar el país, los trabajadores humanitarios y periodistas seguían rumbo a la dirección opuesta: el país más pobre de América, destruido por un cruel terremoto.
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