FOTOS: LA PRENSA/H. ESQUIVEL. ARTE: LUIS GONZÁLEZ

Prisioneros del bacanal

Es miércoles por la tarde y la jornada está por comenzar. Un buen baño, ropa cómoda, una rica cena y ganas de pasarla genial. Cae la noche y rumbo a la disco hay unos cuantos amigos que esperan ya. Son los primeros en llegar y los últimos en salir del lugar. Y no... no llegan a bacanalear.

Por Tammy Zoad Mendoza M.

 

Es miércoles por la tarde y la jornada está por comenzar. Un buen baño, ropa cómoda, una rica cena y ganas de pasarla genial. Cae la noche y rumbo a la disco hay unos cuantos amigos que esperan ya. Son los primeros en llegar y los últimos en salir del lugar. Y no… no llegan a bacanalear.

Si creés que ésta podría ser la historia de tu grupo de amigos que cada semana sale en busca de diversión, tenés razón, pero en este caso hablamos de chavalas y chavalos que trabajan durante cada fiesta, es más durante cada fecha festiva sin importar días feriados.

Aquí Entre Nos te presentamos al staff que se encarga de hacerte pasarla bien cada noche de parranda. Así que si te has preguntado alguna vez que se siente trabajar mientras todos a tu alrededor bacanalean, aquí está tu respuesta. ¡Con ustedes, la magia detrás del bacanal!

BIENVENIDOS:)

“Regalame una cimarrona”, dice la chica mientras se acomoda en el banco alto detrás del mueble de madera en la entrada y saca una caja llena de monedas, billetes, tickets y brazaletes.

Sus amigos Jerónimo Mora y Roberto Guillén, parte de la seguridad de la entrada, sólo sonríen pues imaginan que la noche anterior fue de fiesta para Wendy, y están en lo correcto, aunque ella dice preferir el cine, salir a comer o dar un paseo con los amigos para recargar sus baterías.

“Me gusta salir en mis días libres, pero bacanalear no se puede siempre”, cuenta Wendy Mendieta la encargada de taquilla en el Hipa Hipa, “aunque permanezcás todo el tiempo en ambiente de fiesta no te podés desconcentrar en el trabajo. Entre saludos, cobrar, revisar documentos y dar boletos se pasa el tiempo más rápido, es un trabajo cansado, pero que se disfruta si tenés el espíritu”.

Ella trabaja desde hace dos años y medio en la disco en el área de caja de la entrada, la pasarela de todo tipo de gente, el escenario donde comienzan las historias de la noche.

“De tanto tiempo de estar aquí terminás conociendo a la gente que lo frecuenta, de repente, aunque vos no intimés con ellos, las personas llegan a tenerte confianza a tal de punto de considerarte el confidente en sus aventuras; te piden discreción si vienen con nuevas parejas al mismo lugar o si por casualidad se reúnen varias de sus conquistas en una misma noche”, cuenta Wendy, de 23 años una simpática joven que vive en Managua con su familia.

“Me gusta mi trabajo, música todo el tiempo, gente yendo y viniendo y un grupo de compañeros que ya son tus amigos, un jefe que te hace sentir en familia; eso te hace permanecer activa, alegre, con ganas de seguir a pesar del horario, el cansancio o las cosas que tenés que pasar en este ambiente”, asegura Mendieta.

Y es que aunque el protocolo de saludos y la atmósfera de alegría sean lo previsto, hay ocasiones en que las cosas cambian de color, “aquí te acostumbrás a las malas caras, los gritos o los insultos cuando las personas no están de acuerdo con el reglamento del lugar, pero uno siempre debe mantener la calma y la dulzura del carácter”.

BAD BOYS= ¿NIÑOS BUENOS?

Un paso más delante de la taquilla encontrás un par de amigos más. Hombres robustos, mal encarados y de posturas imponentes ante la puerta… un momento, ¿no estamos hablando de las mismas personas verdad? Si se refieren a los chicos de seguridad de las discos no tiene nada que ver con la descripción anterior.

Sí, son chavalos fornidos y de expresiones secas por naturaleza, pero muy amables y bastante sociables si sabés comportarte. Así es, su trabajo no es infundir terror en la entrada de las discos, es más bien garantizar el orden y la seguridad del local para que la fiesta tenga un final feliz.

“Sabemos que la primera impresión que damos no es la más amigable, pero un saludo cordial y una sonrisa nunca hace falta en nuestro trabajo”, dice Francisco Leytón parte del equipo de seguridad del Chamán y con un año de experiencia, casado, con hijos y según cuenta él mismo, un hombre hogareño y tranquilo.

Como en cualquier trabajo, hay quienes están casados, comprometidos, con hijos, novias o simplemente abiertos a la posibilidad de conquistas. ¿Conquistas? ¡Sí!, aunque son chavalos súper profesionales y “bien portados” no hay imposibles para el romance.

“Uno sabe que está prohibido intimar con la clientela y somos respetuosos del reglamento; aunque veamos a diario mujeres guapísimas basta con contemplarlas y atenderlas bien, claro que de vez en cuando habrá alguna que corresponda esa atracción, entonces son ellas quienes tiene la iniciativa de dejar un número o su nombre en una servilleta para alguna cita, que en la mayoría de lo casos no se da”, cuenta uno de estos pícaros chicos quien prefiere mantenerse en el anonimato.

Y es que aunque su trabajo parezca simple, hay muchas historias detrás de ellos. Unos que intentan ser fiel a sus parejas superando las tentaciones, otros que intentan distraerse con los amigos en el trabajo para olvidar viejos amores y hay quienes prefieren mantenerse libres y atentos al llamado de una aventura romántica. Pero todos crean con el tiempo un vínculo especial con los compañeros de trabajo, en ocasiones hasta forman una gran familia, salen a divertirse juntos, practican deportes y noche a noche trabajan duro en medio de la fiesta.

¡BARRA LOCA!

Pero entrando en calor, aquí están los que les ponen sabor a la noche. Los meseros y los bartenders. Como Oscar Centeno y Luis Cortés, del Chamán. Oscar, con su peinado peculiar, un poco de tinte y su piercing en la ceja es un bacanalero de corazón. Desde el inicio de la noche tararea canciones que después bailará mientras lleva las bebidas a las mesas de los clientes.

“Aquí hay sacrificios físicos, como horarios, hasta sacrificios personales, todo por amor al trabajo”, asegura este padre soltero quien tiene como prioridad a su pequeño hijo, por lo que además de su trabajo nocturno es instructor en un grupo de danza.

En este mundo fantástico de luces y música, ellos presencian percances que son parte de la rutina; una copa se derrama, alguien se cae, ayudar a salir a alguien, son como los amigos de fiestas que no festejan, pero que están ahí para vos. Como todos con días buenos y malos, un día se tropiezan, caen con las bebidas, se agachan, se rompe su pantalón o accidentes que le podrían pasar a cualquiera en el trabajo.

Otro chavalo que está enamorado de su trabajo es Léster Barrios de 23 años, él tiene 5 años como bartender en Hipa Hipa, y es uno de los más carismáticos y simpáticos de la barra y eso no lo decimos nosotros, sino, los clientes del lugar.

De entrada sirve una sonrisa a quien solicita una bebida, y luego realiza un pequeño espectáculo con las botellas para consentir la vista antes que al paladar.

“Nuestro propósito es animar también. La gente toma lo que desea, pero nosotros medimos el límite, no esperamos que nadie se pierda de la fiesta, sólo que la disfruten”, asegura Léster. Él estudia por las tardes segundo año de Contabilidad, gusta jugar fútlbol y está muy bien casado, sí, asegura ser un hombre fiel, y realmente eso parece pues mantiene el profesionalismo con los clientes en todo momento. ¡Salud por ellos!

EL ALMA DE LAS FIESTAS

Pregunta: ¿Qué fiesta comienza sin una buena música? ¡“Ninguna”!, contestaría cualquiera y así es realmente, en lugares como el Chamán, Hipa Hipa o cualquier disco, la música crea un ambiente exclusivo, agradable y enérgico por el que sus bacanaleros fieles siempre regresan.

Lloyd Ebanks, mejor conocido como DJ Lee, es el encargado de prender la fiesta con su toque especial y su magia en el tornamesa.

“He visto de todo, pero algo que recuerdo siempre fue el incidente de una modelo que se cayó mientras bailaba en una tarima”, cuenta el DJ.

Este pícaro moreno de 26 años, tiene seis años de trabajar como discjockey en Hipa, “mi trabajo es mi vida, mi vida es la música y me encanta compartir esa vibra con la gente”, asegura Lee, quien divide su vida entre sus hijos, la disco y sus trabajos alternos, “es difícil la vida del bacanal, a veces querés más energías o más tiempo pata rendir en todo”.

“La mayor satisfacción es ver cómo la gente goza de la música, cómo disfrutan el ambiente, como se trasladan de atmósfera por unas horas”, dice Lloyd, quien se declara bacanalero, bailarín y “don Juan”.

Ahora, cada vez que salgás de bacanal sabrás quienes están detrás de todo. ¡Un saludo y gracias a nuestros amigos de Hipa Hipa y Chamán por dejarnos entrar en su familia y su trabajo!.

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