CORRESPONSAL /RAAN
“Los pobladores miskitos y otros nicaragüenses del Caribe y el Pacífico son víctimas del narcotráfico, igualmente sucede con funcionarios, militares y políticos honrados, que han ofrendado sus vidas en cumplimiento del deber patriótico, ellos y todos los nicaragüenses somos víctimas de la irresponsabilidad gubernamental, que nos ha dejado a merced de los narcos”.
Así lo manifestó el coronel retirado Víctor Boitano Coleman quien fue durante seis años jefe del Destacamento Militar del Norte en la RAAN.
Estas declaraciones ocurren cuando hoy en el Juzgado de Distrito de Audiencias en Siuna serán llevados 18 miskitos y dos colombianos acusados por diferentes delitos vinculados con el narcotráfico internacional de drogas en audiencia inicial.
- Tras la última refriega entre comunitarios y tropas de la Fuerza Naval en Walpasiksa, dos comisiones fueron a ese poblado a investigar los hechos y a buscar a los indígenas que huyeron de la comunidad.
Tras estos hechos, hubo protestas en Bilwi y un grupo de ex combatientes de Yatama al mando de Osorno Coleman y Alfonso Smith emitió un pronunciamiento pidiendo al Ejército que se mantenga la lucha frontal contra la narcoactividad, pero que se pare la persecución a los indígenas.
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El coronel retirado explicó que el Gobierno no tiene un plan nacional de lucha contra las drogas, lo que existen son planes particulares que elabora el Ejército y la Policía, pero no hay ningún ministro o secretario de Estado que asuma ese rol y que responda por ese tema.
El ex jefe militar dijo que los operativos antidroga que se ejecutan en el Caribe, antes de su ejecución, son conocidos por los narcotraficantes por la fuga de información, como ocurrió recientemente en Walpasiksa.
Asimismo agregó que los operativos nunca se ejecutan contra los principales cabecillas, sus redes y sus rutas de abastecimiento, más bien se concentran sobre elementos y delincuentes de menor rango y responsabilidad, sobre “las hormigas” (como se conoce en el crimen organizado a los colaboradores del narcotráfico), pero no son los autores principales ni intelectuales.
Boitano dijo que el capo de la droga, el colombiano Pablo Escobar Gaviria, organizó en los años ochenta, con la venia del sandinismo, las rutas del narcotráfico en Nicaragua y estuvo albergado en una casa de seguridad ubicada en Carretera Sur en Managua, en donde también se refugiaba el ex comandante guerrillero Joaquín Villalobos.
Boitano agregó que hasta mediados de los años noventa, los miskitos entregaban la droga a las autoridades nicaragüenses, quienes los abandonaron y los dejaron a merced de los narcotraficantes. Fueron las mismas autoridades que nunca enfrentaron seriamente el asunto. “Hoy ciertos elementos inescrupulosos en nombre de los miskitos han afectado la imagen del pueblo miskito y lamentablemente el Gobierno se presta a ese peligroso juego”, agregó.
El ex militar dijo que los narcotraficantes no pueden asentarse ni desarrollarse en un país sin la complicidad de las estructuras de poder, principalmente las judiciales. Recordó el caso de los 600 mil dólares del narcotráfico que desaparecieron de las manos del magistrado orteguista Róger Camilo Argüello, antes y después de ese caso, los narcos tienen puerta abierta en la Corte Suprema de Justicia.
Otro elemento que mencionó el coronel retirado fue que funcionarios públicos, militares y policías han caído en las garras del narcotráfico, no hay grandotes condenados, ni jamás se han conocidos estos casos en el país.
Boitano agregó que los principales capos de los cárteles, sus infraestructura y capital están invertidos en empresas que con fachada legal, operan libremente, lavando dólares en todo el país, principalmente en Managua y no en la Costa Atlántica, como se le quiere hacer creer al pueblo. “Reconocidos personajes están involucrados y las autoridades saben dónde encontrarlos”, aseguró.
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