Franklin Caldera
La gran estrella femenina de los años 40 y 50, Jennifer Jones falleció a los 90 años, después de una larga trayectoria en el cine.
Desde el cine silente, con titanes como Griffith, Eisenstein, Chaplin o Lang, y a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la figura del director se ha impuesto como la del auténtico creador de la obra cinematográfica. Directores como Visconti, Kurosawa, Fellini, Godard, Bergman, Coppola, Spielberg o Scorsese, entre muchos otros, no pueden faltar en ninguna lista de los grandes artistas del siglo XX.
Pero en la llamada época dorada de Hollywood (1929-1959), los grandes estudios a través de sus ejecutivos y productores ejercían un control determinante sobre el proceso de realización de una película y sobre los directores, cuya labor (excepto en el caso de figuras muy destacadas como Ford, Hitchcock o John Huston) se limitaba al trabajo con los actores en el plató.
David .O. Selznick personifica la figura, hoy desfasada, del productor (equivalente a lo que sería un gerente de proyecto en una sociedad anónima) como “autor”. Su obra maestra, Lo que el Viento se Llevó (1939), fue el resultado de su energía creativa como productor independiente. Los tres directores del filme (George Cukor, Vitor Fleming y Sam Wood) trabajaron bajo su férreo control. (En la actualidad, las labores de director y productor suelen fusionarse).
Selznick es el verdadero descubridor para el cine de Jennifer Jones (nacida Phyllis Isley, en Tulsa, Oklahoma, en 1919), cuando ésta había intervenido apenas en dos películas de bajo presupuesto. Teniéndola bajo contrato de exclusividad, cedió sus servicios a la 20th Century Fox para Bernadette, en la que interpretó a la joven francesa de extracción obrera, Maria Bernarda Soubirous (1844-1879), que tuvo 18 apariciones marianas en 1858, en el poblado de Lourdes (Altos Pirineos franceses).
Dirigida por Henry King, Bernadette (1943) ha resistido bien el paso del tiempo. Explora con madurez intelectual las presiones a que fue sometida la santa (canonizada en 1933) por los conflictos de intereses entre las autoridades de Lourdes, renuentes a aceptar las apariciones hasta que advirtieron el impulso que estaba recibiendo el pueblo gracias a la enorme afluencia de devotos de la Virgen María. Por su actuación en Bernadette, la actriz de 25 años le arrebató el Oscar a la candidata favorita, Ingrid Bergman en Por quién Doblan las Campanas.
Cuando fue descubierta por Selznick, Jones estaba casada con Robert Walker al que conoció en la Academia Estadounidense de Artes Dramáticas de Nueva York. El romance de Jones con Selznick (17 años mayor que ella) puso fin a su matrimonio con Walker, que murió a los 31 años de edad, víctima del alcohol. Cuando se encontraban en proceso de separación, ambos actuaron en la producción de Selznick, Desde que te Fuiste (1944), sobre civiles durante la guerra.
Divorciado de su esposa Irene, hija del poderoso gerente de la MGM, Louis B. Mayer, Selznick contrajo matrimonio con Jones en 1949. A partir de esa fecha, centró sus esfuerzos en promover la carrera de su mujer a través de una relación conyugal de productor/actriz, paralela a la de Carlo Ponti y Sophia Loren en Italia.
En poco tiempo Jones se fue perfilando como una gran actriz dramática de gran belleza física (grandes ojos claros, cabellera negra, piel bronceada y una cintura estrecha adornada por amplias caderas), según el modelo desarrollado por Gloria Swanson, Joan Crawford, Norma Shearer y Creer Garson en el pasado, Meryl Streep, Kate Winslet, Cate Blanchett y otras en el presente.
Para evitar que la imagen fílmica de su mujer fuese encasillada en personajes místicos, Selznick le asignó el rol principal en Duelo al Sol (1946), dirigida por King Vidor. Como Perla Chávez, la mestiza que divide a dos hermanos, uno bueno (Joseph Cotten) y otro malo (Gregory Peck), la actriz sorprendió a los espectadores con una sensualidad desbordante. En 1952, Vidor la dirigió en un papel similar en La Furia del Deseo (Ruby Gentry), con Charlton Heston.
La actriz volvió a hacer pareja con Cotten en El Retrato de Jennie (1948; producción Selznick, dirigida por William Dieterle), sobre un pintor forastero que se enamora de una joven a la que le hace un retrato. Poco a poco descubre que su amada es la materialización del espíritu de una jovencita muerta en circunstancias trágicas. Esta fue la película favorita del director surrealista Luis Buñuel.
En una larga carrera no exenta de fracasos de crítica y público, como Madame Bovary (1949), Indiscreciones de una Esposa (1954) y Tierna es la Noche (1962), midió fuerzas exitosamente con el gran actor británico Laurence Olivier, en Destino de dos Vidas (1952), basada en “Sister Carrie” de Theodor Dreiser.
Es probable que, después de Bernadette, el rol por el que será recordada con más fervor, sea el de la doctora euroasiática que se enamora de un corresponsal de guerra norteamericano (William Holden) en Angustia de un Querer (1955), producción 20th Century Fox, con la bellísima canción, “El amor es una cosa esplendorosa” de Sammy Fain y Paul Webster.
Tras interpretar el rol de la poeta Elizabeth Barrett Browning en Lo que las Paredes Ocultan (1957), coprotagonizó junto a Rock Hudson, la última producción de Selznick, Adiós a las Armas (1957), filmada en locaciones auténticas de Italia y en los estudios de Cinnecittà. El film no tuvo la recepción de crítica que merecía y mucho se habló de que la edad de la actriz no coincidía con la de la joven protagonista de la novela de Hemingway.
Selznick falleció en 1965. La hija de ambos, Mary Jennifer Selznick, se suicidó lanzándose de un edificio en 1976. Hasta su muerte acaecida el 17 de diciembre de 2009, Jennifer Jones fue presidenta de la Junta Directiva del Museo de Artes Norton Simon, fundado por el multimillonario del mismo nombre, que fue su marido durante 22 años, hasta la muerte del magnate en 1993.
La carrera de Jennifer Jones se cierra con Infierno en la Torre (1974), filme de desastre con reparto multiestelar. Retirada del cine y la vida pública, no se convirtió en una leyenda viva como la Garbo (asediada por paparazzi y fotógrafos furtivos). Murió olvidada por los medios de información, pero viva en el recuerdo de millones de fanáticos del cine que continuamente vemos sus películas en retrospectivas y por televisión. La sobrevive su hijo, Robert Walker Jr.
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