Más de siete de cada diez personas “rechazan y condenan” las agresiones físicas y verbales que recientemente sufrió el embajador de Estados Unidos en Managua, Robert Callahan, y un representante del parlamento europeo, lo mismo que el ataque perpetrado contra la sede de la embajada americana por seguidores orteguistas encabezados por Gustavo Porras.
Según revela una encuesta realizada por la firma M&R Consultores entre el 27 de noviembre y el 5 de diciembre, que recogió la opinión de mil 600 personas, representativos de todos los sectores socioeconómicos, políticos, culturales y religiosos del país, el 73.9 por ciento de los consultados dijo “rechazar y condenar” las acciones cometidas por “representantes y/o simpatizantes del Gobierno” contra el embajador Callahan, la Embajada de Estados Unidos en Managua y contra el diputado holandés y presidente de la Internacional Liberal, Cornelius van Baalen.
Ambos fueron calificados por dirigentes sandinistas y funcionarios del Gobierno, entre ellos el vicecanciller Manuel Coronel Kautz, como “injerencistas”.
Sólo uno de cada diez encuestados apoyó dichas acciones hostiles.
La consulta, que tiene un margen de error de más o menos 2.5 por ciento y un nivel de confianza del 95.5 por ciento, incluyó a habitantes de todo el país, cuyas edades oscilaban entre 16 y más de 45 años.
Entre los consultados hubo representación de las diferentes fuerzas políticas.
El 42.5 por ciento se declaró independiente, el 35.1 sandinista y el 22.4 perteneciente a los diferentes partidos de oposición.
SANDINISTAS TAMBIÉN RECHAZAN VIOLENCIA
Al revisar los resultados por segmentos partidarios, llama la atención que incluso entre el grupo que se identificó como sandinista, más de la mitad, el 54.7 por ciento, condenó las acciones contra el embajador Callahan y van Baalen.
Sólo el 36.0 por ciento, es decir un poco más de tres de cada diez, apoyó los ataques, encabezados en su mayoría por el diputado orteguista y dirigente sindical Gustavo Porras.
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El pasado 29 de octubre Porras presidió una “asamblea popular” que, además de declarar non grato a Callahan, causó daños materiales en las instalaciones de la Embajada.
La petición del grupo no encontró eco en el Gobierno, que se limitó a emitir, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, un comunicado de unas cuantas líneas censurando las declaraciones de Callahan.
Posteriormente el vicecanciller Manuel Coronel Kautz explicó que la “injerencia” del diplomático no era motivo suficiente para expulsarlo del país.
OFENDIÓ Y LUEGO SE DISCULPÓ
Por su parte, a inicios de noviembre el secretario de Cooperación Externa de la cancillería, Valdrack Jaentschke, “invitó” a van Baalen a salir del país y a “abstenerse” de brindar declaraciones respecto de la política nacional. Y el vicecanciller Coronel Kautz expresó que van Baalen procedía de un “paisucho”.
Un par de horas más tarde Coronel Kautz utilizó los medios de comunicación oficialistas para leer un comunicado oficial mediante el cual el Gobierno de Nicaragua se disculpaba ante Holanda por la expresión, mientras el eurodiputado abandonaba el país en el tiempo previsto según su agenda.
En ambos casos, las críticas de los extranjeros hacia los atropellos cometidos contra la Constitución con el fin de beneficiar las pretensiones reeleccionistas del presidente Daniel Ortega, fueron las que provocaron los incidentes.
SE DEBE RESPETAR ELECCIÓN HONDUREÑA
Otro tema que fue abordado en la consulta de opinión de M&R Consultores fue la crisis hondureña.
Casi seis de cada diez nicaragüenses respondió que “esta elección representa la solución a la crisis política que ha estado viviendo el pueblo hondureño y la comunidad internacional debe aceptar la voluntad del pueblo y respetar las nuevas autoridades”.
Entre los que se declararon militantes de partidos opositores al sandinismo esa posición fue respaldada por ocho de cada diez consultados, mientras que entre los independientes el respaldó fue de seis de cada diez.
Mientras varios países de la región han comenzado a considerar la decisión de reconocer al recién electo Porfirio Lovo, el gobierno del presidente Ortega insiste en que no lo reconocerá.
La posición de Ortega obedece a un mandato de los integrantes de la Alianza Bolivariana para las Américas (Alba), ya que el grupo liderado por el mandatario venezolano Hugo Chávez considera que el golpe de Estado a Zelaya fue un golpe al Alba, para frenar el avance de la agrupación en la región centroamericana.
A pesar de la inamovible posición de Ortega, entre sus partidarios cuatro de cada diez respalda la posición, mientras que otros cuatro consideran que el Gobierno que resultó electo no debe ser reconocido por la comunidad internacional porque la restitución de Manuel Zelaya en la presidencia de Honduras no se concretó tal como pretendía el bloque del Alba.
Los dos restantes prefirieron no opinar sobre la crisis hondureña y su repercusión en la política exterior de Ortega.
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