La luna estaba atravesada, se estrellaba en la ventana del cuarto de David, pero se detuvo con un recuerdo asombrado y vertiginoso. En ese instante de un verano, unos ladronzuelos querían entrar a robar a su casa, pero la luna con su luminosidad, como espada atravesó sus ojos, que los dejó por instantes ciegos y descontrolados, hasta que se desaparecieron, pero como a la hora les volvió la vista, estos se encontraban a la orilla de una breve lucha, no menor que el odio.
Entonces, Rafael le dijo a José: “Fíjate que me siento limpio y no deseo volver a robarle a la gente”. Eso mismo me está sucediendo a mí, le contestó José. Sorpresivamente el universo físico a Rafael y José se les detuvo y discurrían: “El tiempo de tu labor ha sido otorgado, y que los sueños y la vida de los hombres pertenecen a Dios”. Los dos amigos se volvieron hombres de bien y a los que en sus años de ladrones les habían robado, de manera indirecta buscaban como retribuirles el bien. Cuando ambos amigos dialogaban se decían, parece que Dios se nos manifestó con la luminosidad de luna. ¡Verdad!
JURÓ LA MUERTE
No te han desconocido, le dijo Sergio a Roberto. Perspicacia, rigurosamente extraño como serie de hechos de sangre, le dijo Roberto a Sergio. Ese criminal juró la muerte de Humberto, éste nunca se dejó (a) intimidar, contestó Sergio. Ese caso contiene el alto prisma del color del desierto y la numerosa divisibilidad de una cárcel y el rumor de una casa procaz, inquirió Roberto. No me interesan explicaciones, quiero capturar al hombre que apuñaló al desconocido, refutó Sergio.
En ese laberinto de ideas sombreadas, Roberto y Sergio simétricamente estaban difusos como un avatar de un segmento y más crímenes. El laberinto consta de una sola línea recta e indivisible, para la otra vez que lo maté, le dijo Roberto. Todo es premeditado en esta vida, repuso Sergio. Nada está exento de la mente, asintieron Roberto y Sergio.
NO TEMA AL TRAIDOR
Pero usted se ha arriesgado, le dijo Iván a Constantino. No se preocupe de la guerra, contestó Constantino. Claro, porque el ser humano siempre está en guerra en su mente, por esto o por aquello, siempre hay un (os) problemas que resolver, repuso Iván. El mundo así es, está repleto de muchos problemas que siempre el hombre o mujer tendrá que resolver y cuando no se resuelven desgraciadamente echan culpas a quienes no deben, profirió Constantino.
Ambos hermanos ante una trémula, resaca, la boca les murmuró episodios que la herida siempre es superficial, porque la vida cotidiana impelía obrar y perseguir al delator a través de negros corredores y escaleras que dan vértigo, usted es un desconocido, y le he hecho esta confesión para que no tema al traidor, que siempre anda al asecho y ha sido.
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