César Andrade cantautor de boleros. LA PRENSA/CORTESÍA.

César el que canta

Encontrar a un hombre humilde es difícil, hallarlo al mismo tiempo honesto no es fácil

Por Róger Fisher

Encontrar a un hombre humilde es difícil, hallarlo al mismo tiempo honesto no es fácil

Y si además es caballeroso, tranquilo, positivo y alegre casi es el colmo, pero si a este hombre le agregamos una extraordinaria voz estamos hablando de un ser especial, César Andrade es ese hombre.

Cesar llegó a Nicaragua desde Palmira, Colombia donde nació, como han llegado circos, compañías de teatro, poetas, músicos, pintores y compañías de variedades. Unos porque se enamoraron del país y luego se asimilaron, otro por su falta de recursos y también se acostumbraron a esta tierra cálida y pródiga, pero todos se hicieron nicaragüenses, con hijos nicaragüenses y alma nicaragüense. Cesar fue uno de ellos, pero trajo y dejó algo más… su voz. Vino a cantar un día y se quedó para siempre.

El miércoles dos de diciembre, en uno de los mas humildes templos católicos del país, se hizo una corta, pero sentida ceremonia de despedida. El sacerdote, un poco turbado por la ausencia de colegas para despedir a César, dijo una frase fuerte para el momento “Cesar llegó cantando y se va sin música…” pero la música estaba ahí, precisamente entrando. Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, expresaron sus sentimientos fraternos para César y sus familiares, e hijos y nietos del cantante colombiano, con un nudo en la garganta conmovieron a los presentes al recordar a César como padre amoroso y abuelo consentidor.

La música se escuchó sentida, Tránsito Gutiérrez no podía disimular su tristeza al despedir a un amigo de toda la vida, a un compañero de trabajo excepcional, a su otro yo en el Gran Hotel, El Plaza, El Versalles y tantos sitios que ya no están en la ciudad, solamente en nuestra memoria y en la última imagen que los dos nos dejaron en el María Bonita.

Después del responso, los tres Mejía Godoy, Tránsito y José Antonio Argüello, entonaron uno de los grandes éxitos de César -Sinceridad-  para cerrar con Nicaragua, Nicaragüita como una ofrenda musical a quién amó tanto a Nicaragua.

Mi amistad con César se inició a través de Raúl Traña, aquel pianista, jovial como César, de una fuerza musical especial. Mi canción -Luz y Camino- originalmente cantada por el mariachi de Pancho López y después por Vicente Fernández, ambas versiones, boleros rancheros, fueron variadas por César Andrade con un arreglo de bolero tropical, siendo su voz la que más sonó aquel éxito de los años setenta.

Desde entonces, el mejor intérprete de mis canciones fue César, su voz aterciopelada, pegajosa, fuerte e inconfundible, cantó – Calumnia – Caracolito- Poneloya- Laguna de Xiloá- Miedo… hasta completar doce canciones, interpretadas profesionalmente.

Sonriente como siempre, cada vez que visitaba sus centro de trabajo, donde estuviese, el nicacolombiano, cantaba …¨Si te falta un amor, aquí está el mío…” y luego me saludaba con cariño. Por años su amistad fue generosa y mi música cantada por el más grande bolerista que hemos tenido en nuestra tierra.

César cantó en todos los night clubs de Nicaragua, lo mismo en el Parque de El Carmen, que en Las Conchas Negras, allá por Monseñor Lezcano después del Terremoto, en la Carretera a Masaya y donde tuviese oportunidad de trabajar con dignidad.

Como olvidar la bohemia del viejo Managua, César fue actor y testigo, muchas parejas iniciaron un romance bajo la melodiosa voz del cantante y algunos llegaron hasta el matrimonio. “Te ví pasar- Infiel- Dos amores-Sinceridad- Igual que Ayer- Cuando estás a mi lado- Romance- Ya ves- fueron sus grandes éxitos.

César llegó para quedarse, se fue perdiendo su memoria, pero nunca su corazón. Partió como nos tocará a cada uno en su momento, pero él se fue como los grandes, que cuando parten, quedan,…él ya no está más con nosotros… pero su voz nos queda para siempre.

Igual que ayer…

Una voz se apagó esta semana, la de César Andrade, uno de los mejores intérpretes del bolero

La Prensa Literaria

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