Alfredo Martínez Ponce. Hacedor de sueños para soñadores felices. LA PRENSA/ARCHIVO

El primer crimen fue por celo

Abel cogió un día la primera oveja que nació en su rebaño.Se la llevó en sus manos a un señor llamado Yavé, que le lleno de alegría el corazón. Llamó a los ángeles y al primer dinosaurio que pasó y luego dijo:- póngalo aquí, en el mejor lugar, que todos lo vean. En verdad me ama: Al ver eso el negro de su hermano, apresurado corrió, corto la flor más bonita que encontró en el jardín y de rodilla dijo: Toma padre mío una ofrenda de mi amor. Dios no abrió sus labios, apartó los ojos, luego le dijo a los espíritus. Pongan eso allá, que nadie lo vea, cerca de la cocina, junto a la basura.

Por Raúl Xavier García

Abel cogió un día la primera oveja que nació en su rebaño.Se la llevó en sus manos a un señor llamado Yavé, que le lleno de alegría el corazón. Llamó a los ángeles y al primer dinosaurio que pasó y luego dijo:- póngalo aquí, en el mejor lugar, que todos lo vean. En verdad me ama: Al ver eso el negro de su hermano, apresurado corrió, corto la flor más bonita que encontró en el jardín y de rodilla dijo: Toma padre mío una ofrenda de mi amor. Dios no abrió sus labios, apartó los ojos, luego le dijo a los espíritus. Pongan eso allá, que nadie lo vea, cerca de la cocina, junto a la basura.

Entre el enojo y entristecido Caín movió los pies, bajó a las cavernas, alzó los ojos hacia arriba y lejos en las llanuras vio a su hermano junto a sus ovejas. Se fueron por detrás y le dio un garrotazo en el cuello. Este estiró los brazos, apretó las manos, y convulsivamente cerró los ojos y el corazón dejo de latir.

La noticia corrió como pólvora sobre el fuego. De pronto cruzó por el cielo una espesa nube ardiendo y de ella salió una voz diciendo: adónde está tu hermano, adónde está Abel – Que sé yo, búscalo, él ya no es un niño, desde cuándo yo soy su guarda espaldas?

Cuando la luz del sol iba borrando despacio la sombra al pasar por la tierra, a esa hora hasta las puertas de mi casa ha llegado la sangre de tu hermano pidiendo castigo. Por lo tanto, desde hoy andarás fugitivo por los siglos lejos de este jardín, del árbol y su manzana. Por tanto te pongo esta señal en la frente y nadie al verte te hará daño.

La Prensa Literaria

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