Armando INcer, escritor boaqueño. LA PRENSA /U. Moina.

“La poesía nos limpia”

Armando Incer Barquero. Es médico, pero antes el poeta. Toda una institución en la ciudad de Boaco, por sus grandes aportes a la cultura. Ingenioso, investigador, diletante, un promotor de la cultura desde los años cincuenta con el Grupo U, jóvenes soñadores que desarrollaron un movimiento cultural, artístico y cívico con mucha originalidad en los años 50 y 60.

Armando Incer Barquero. Es médico, pero antes el poeta. Toda una institución en la ciudad de Boaco, por sus grandes aportes a la cultura. Ingenioso, investigador, diletante, un promotor de la cultura desde los años cincuenta con el Grupo U, jóvenes soñadores que desarrollaron un movimiento cultural, artístico y cívico con mucha originalidad en los años 50 y 60.

Ha sido Alcalde Municipal entusiasta en las tareas de rescatar las tradiciones y manifestaciones artísticas que combina con una intensa y loable tarea de investigación médica, histórica, literaria, folclórica.

Con varios poemarios Incer Barquero se alza como una voz firme y duradera de la poesía del siglo XI.

¿Cuál es su valoración de la poesía?

Creo que es una confesión donde uno dice todo lo que siente como si estás en un confesionario y donde se revela tal cual es, tal vez oculto por las palabras que uno emplea, pero el concepto sale claro y uno ya se liberó y se quitó ese pecado de encima. La poesía nos limpia, nos quita esos pesares.

¿Por qué se quedó con los versos y no con la novela o el teatro del que tiene admiración?

Creo que ahí van en parte mis estudios de medicina, en la poesía hay que procurar ser exactos, no andar con rodeos o subterfugios sino ir al grano para lograr curar a un paciente, lo mismo la poesía, uno se sujeta a un tamaño a una forma a una página.

¿Cuándo decide ser poeta, cuál es su primer encuentro con la poesía?

Por la época y por el ambiente en la que nos desarrollábamos, no teníamos mucho dinero ni muchos libros para leer pero todo el contacto tenía que ser de persona a persona, y tuve dos amigos boaqueños que me enseñaron a dar esos pasos, Toño López García y Flavio Tijerino, ambos habían recibido los nuevos conceptos de la poesía, Flavio venía muy fresquecito con los consejos y conceptos de la poesía que el padre Ángel Martínez le había dado. Esto principio de los años cincuenta, en 1952.

¿Cómo inicia su oficio de escritor?

Tenía una inquietud en el alma que con la presencia de mis amigos se fortalecía. Me acuerdo que Toño López era un hombre bárbaro, en el sentido que era muy duro con lo que escribíamos y por ejemplo nos criticaba los poemas, decía que no le gustaba y bromeaba diciendo: “Si vos me lo prestás te lo canto como bolero”, entonces el bolero era el colmo del romanticismo, y nos mirábamos en que teníamos que cambiarlo, fueron momentos de mucho compartir y fui metiéndome en esa disciplina hasta llegar a hoy. De tal manera, que cuando estuve con ellos en ese compartir en los años cincuenta, pude decir y darme cuenta que podía ser un poeta.

¿Como fundador del Grupo U de intelectuales de Boaco en los años cincuenta, como le beneficia a nivel creativo esta relación con los jóvenes de aquella época?

La primera actividad del grupo U la hicimos en el año de 1953, es la efervescencia de todos. En la Universidad de Granada estaba Fernando Silva cuando yo llegué a estudiar Medicina, él me llevaba uno o dos años, hablábamos mucho de lecturas, poesías, cuando me reunía con mis amigos en el Grupo U, yo les hablaba de estas conversaciones y les decía que la cosa era así y así. Recuerdo que Fernando Silva me decía, la poesía no es como un pollo a ella no la podes amarrar a la pata de la mesa, no lo hagás así que de esa forma no tiene utilidad. Y para alcanzar un bueno poema he tenido que trabajar mucho, mucho.

¿Después de andar por varias décadas en la época en la poesía como se mira?

Recuerdo una poesía cuando era joven que decía: “Quien vive de prisa no vive de veras, quien no hecha raíces no puede dar frutos” más que todo lo yo he hecho es caminar despacio, observar bien, para luego traducirlo en el papel y pensando que es la única manera de dejar los frutos y participar con los amigos de ese frutos.

¿Cómo resume los temas de sus libros?

Huérfano Esquife, fueron poemas que los empecé a escribir en mi estadía en España y en Francia, cuando me sentía muy solo y hacia mis estudios de Medicina. El libro lo escribí entre 1967 y 68.

Antes está La guerra predilecta, siendo estudiante de Medicina, en 1954, en los inicios del Grupo U, es un poemario donde yo estaba solo como en el huérfano pero buscándole una solución a esa soledad, buscando cómo unir dos soledades, sobre eso versaba, éste ganó el Premio Manolo Cuadra, que era patrocinado en aquel momento por la Revista Ventana en tiempos de Carlos Tünnermann, Sergio Ramírez, siendo rector Mariano Fiallos.

El otro poemario, Debo la sed, ya surge en los años de 1978 y se publicó en el año 2000 y es un reconocimiento a lo que soy es como un canto a mí mismo como lo diría Walt Witman.

¿Qué poemario lo retrata mejor?

Creo que Debo la sed donde está la frase de Rubén Darío que dice, “tengo hambre de espacio y sed de cielo”, esa sed yo la bebo a las personas que me la despertamos.

¿Cuáles eran las lecturas de aquellos tiempos?

Coronel Urtecho tenía una enorme influencia sobre los poetas de Nicaragua menos sobre los poetas de Boaco, pero cuando habían las reuniones en Managua nunca podíamos estar, porque no había quién nos avisara y entonces nosotros como grupo nunca pudimos conversar con él, sin embargo alguna noticia le debe haber llegado que una vez se apareció en Boaco con su esposa y con Fernando Silva y fue una alegría para los que estábamos aquí y él nos obsequió toda una tarde conversando. Fue un acercamiento a nosotros y a la ciudad, sus recuerdos de Boaco él decía que se parecía al Estoril en Portugal y muy contentos de su visita.

Estudiando en León conocí a César Vallejo y poco a poco me fui informando, y desde entonces Vallejo se convirtió en la gran figura. Como Grupo U leíamos a los poetas españoles, los chilenos, los poetas del siglo de oro en España, a Federico García Lorca, en aquel momentos aquellos libros no venían pero logramos salir adelante.

¿Ha sido un escritor muy influenciado por el teatro cómo ha sido la experiencia con este género?

Con el Grupo U fuimos los primeros en Nicaragua presentar a Federico García Lorca, esto en 1958 con doña Rosita la soltera. Y después vino Mariana Pineda, la Zapatera prodigiosa, presentamos a Calderón de la Barca en la Vida es un sueño, presentamos Esquilos y una serie de teatros. Recuerdo al entrar a la obra le dábamos a los asistentes un cuestionario en el que ellos podían valorar la obra y al finalizar la presentación ellos podían valorar la obra de teatro.

¿El Grupo U marcó una época cultural en Boaco que hoy no ha vuelto?

Así es, en nuestro decálogo que fue como una especie de los diez mandamientos decíamos, esperamos que después de nosotros surjan unas voces mejores, pero hemos tenido que esperar casi cincuenta años para que surja un nuevo grupo.

¿Percibe a una generación de poetas en Boaco que sean representativos?

Creo que sí, desde los primeros años del siglo XX está el doctor Antonio Barquero, un poeta romántico de la época que ganó el premio Rubén Darío, el más novedoso e incursionó en aquellos años en una nueva poesía Hernán Robleto, un escritor de Vanguardia, la poesía ha sido más presentada por los hombres, y eso coincide con lo que he dicho: “Boaco es culto y oculto descúbralo usted”, pero como lo vamos a descubrir sacando nuestra obra.

¿Tiene el boaqueño una identidad cómo lo definiría?

El boaqueño tiene más que todo los brazos abiertos, lo poco que tiene lo da y lo entrega.

¿Trabaja un nuevo libro?

Sí un poemario de tipo familiar tal vez el título pueda ser Todos somos mi palabra.

La Prensa Literaria

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