María Dolores G. Gutiérrez
Prueba General es el nombre del espléndido mural de Hugo Palma-Ibarra destinado a representar pictóricamente el baile de El Güegüense que se celebra en Diriamba (departamento de Carazo), durante las fiestas patronales de San Sebastián. Dividido en ocho paneles, aborda temas y personajes de la obra teatral declarada por la UNESCO Patrimonio Intangible de la Humanidad en el año 2005.
En la representación de Palma-Ibarra predomina una narrativa libre, una lectura no lineal que incluye a personajes de la “comedia bailante” término con el cual la definiera Daniel Brinton— instrumentos musicales utilizados en el baile, elementos de la arquitectura colonial y local, la vestimenta y sus adornos a base de cintas de colores, rosas de plástico y sombreros enflorados, sin faltar las máscaras de los machos, presentes desde el primer panel. Se percibe, al mismo tiempo, la sátira contra el poder, sutilmente representada mediante los diferentes símbolos que conforman la jerarquía colonial que El Güegüense cuestiona y desafía con su ingenio. Todos estos elementos le confieren a la obra la unidad integradora que nos permite valorar nuestras convergencias y divergencias histórico-culturales.
Las voces de El Güegüense y su narrativa
La representación pictórica llevada a cabo por Hugo Palma se inicia a partir de las polarizaciones y de una identidad fragmentada que responde al mismo esquema compositivo de la obra. En cada uno de los paneles se traslapan diferentes elementos, símbolos y personajes, todos ellos estructurados mediante una superposición de planos que subvierte espacial y temporalmente la narrativa tradicional. Según el propio artista, no se trata de una transposición pictórica fiel al contenido de la obra sino de la aproximación a un icono de la identidad cultural nicaragüense. Su propósito es “dejar como artista un documento que avale el reconocimiento de El Güegüense, por parte de la UNESCO, como Patrimonio Intangible de la Humanidad”. No obstante, su punto de partida no es la proyección fiel de la obra literaria y su puesta en escena, sino crear un distanciamiento “viendo desde afuera, de una manera casi metafísica, el ir y venir de las multitudes a través de valles y aguas, encontrando pueblos y santos”. De ahí surge el nombre de Prueba General, que está ligada al “tema Güegüense” pero no de manera total pues sólo establece una relación visual e identitaria con algunos de sus iconos.
Para nuestro artista, la lectura no necesariamente tiene que seguir un orden preestablecido y el espectador puede leer la obra comenzando por cualquier panel: “el primero puede ser el último y el último el primero”. Sin embargo, desde el primer panel es fácil identificar al Gobernador Tastuanes mediante el sombrero de tres picos, símbolo del poder colonial. Más abajo, las máscaras de los machos y las sonajas de los danzantes constituyen los elementos referenciales de la comedia bailante, repetidos a su vez en el segundo panel. La repetición de elementos no es casual y en los paneles siguientes (II, III y IV) se entrecruza la arquitectura colonial con elementos prehispánicos, íconos locales, senderos amarillentos y horizontes marinos, sin omitir la presencia femenina de Doña Suche Malinche, representada con máscara de mujer blanca y ataviada a la usanza colonial. En el mismo panel, un desnudo clásico de espaldas al espectador, marca el contraste entre dos culturas distintas.
El agua, las máscaras de los machos y las sonajas continúan siendo los elementos de enlace en los diferentes escenarios. En el panel V, un danzante con la máscara de español, blanco y barbado, gran sombrero adornado de flores y cintas domina gran parte de la composición, actuando como uno de los principales referentes de la narrativa original, mientras que en el panel VI irrumpe con fuerza la figura de San Sebastián, patrón de las fiestas diriambinas. Al lado del Santo, entre los gruesos empastes de pintura se vislumbra el doble rostro del mestizaje conformado por la máscara del hombre blanco que deja al descubierto la faz oscura del indio, como símbolo de una eterna contradicción.
Conclusiones
Si bien dentro de la temática de El Güegüense existen en la pintura nicaragüense numerosas representaciones, esta saga de Palma-Ibarra difiere completamente en su acercamiento a la obra y a los personajes, al proponer una nueva lectura y una nueva narrativa mediante una composición y una puesta en escena totalmente diferentes. Mientras que en las magníficas plumillas de Carlos Montenegro predomina el retrato realista de cada personaje, la minuciosidad descriptiva, el barroquismo y el apego a la narrativa de la comedia bailante, en Hugo Palma-Ibarra se manifiesta el clasicismo tan propio de su estilo y una aproximación metafísica concentrada en determinados iconos de la obra y de las Fiestas Patronales de Diriamba. En esta nueva aventura estética, nuestro artista se arriesga al cambio sin miedo al presentarnos un punto de vista totalmente distinto, “rescatando el pasado para darle porvenir”.
Ver en la versión impresa las paginas: 8