El primer cinematógrafo

Año 1900. Es un siglo que comienza agitado, la explosión tecnológica de la Era Industrial estalla de manera comercial en los países pobres y ricos del mundo como una ola expansiva; son acontecimientos que se venían gestando y estableciendo en los países desde las últimas tres décadas del siglo XIX, como la llegada del ferrocarril, el telégrafo, el correo, la imprenta, el boom editorial y otros medios de sociabilidad que transforman el imaginario cultural de las ciudades.

Karly Gaitán Morales

Año 1900. Es un siglo que comienza agitado, la explosión tecnológica de la Era Industrial estalla de manera comercial en los países pobres y ricos del mundo como una ola expansiva; son acontecimientos que se venían gestando y estableciendo en los países desde las últimas tres décadas del siglo XIX, como la llegada del ferrocarril, el telégrafo, el correo, la imprenta, el boom editorial y otros medios de sociabilidad que transforman el imaginario cultural de las ciudades.

Los inventos asombran a la humanidad, cada día una novedad se publicita en los diarios y revistas de todos los continentes. En Nicaragua este comienzo de siglo es acelerado: en 1900 se inaugura el Museo Nacional, en 1902 se adquieren los primeros aparatos de rayos X y en 1903 llega el primer automóvil a Managua, causando toda gran conmoción e induciendo a un mundo evolucionado. Se viven las reminiscencias de la Revolución Liberal y en 1901 el presidente José Santos Zelaya funda la Academia Militar. Rumores de guerra en los diferentes continentes, y “un soplo milenario trae amagos de peste/ se asesinan los hombres en el extremo Este”, escribe Rubén Darío sobre este inicio de siglo que entre agitaciones, grandes migraciones y guerras, resurge efervescente.

El antiguo Teatro Castaño de Managua revienta de gente en enero de 1900. Va aquella alta sociedad a una función cinematográfica. Más que todo es por motivo de curiosidad que asisten y pagan su entrada en pesos plata —la moneda del momento—, van los hombres con trajes de casimir y las mujeres con sus vestidos largos y zapatos al estilo Guillermina, muy de moda todo ello en la Managua de principios de siglo.

¿Cinematógrafo? Signos de interrogación rondan la cabeza de los curiosos que suben la escalinata del Teatro apoyándose en la pasamanería dorada, y una vez dentro de la sala oscura se convierten en los primeros espectadores del cine en Nicaragua.

El cinematógrafo llegó a Mesoamérica en 1896, cuando se proyectó la primera película en la ciudad de México el 14 de agosto de ese mismo año. Los agentes de los hermanos Lumière (inventores del cinematógrafo) viajaron al continente americano encomendados por la compañía Lumière. A Nicaragua el primer cinematógrafo llegó a finales de noviembre de 1899, hace ciento diez años.

Los agentes y operarios del cine recorrieron todas las partes del mundo para comercializar el invento. Partieron en enero de 1896, tras presentar el cine al mundo el 28 de diciembre de 1895 en un café en París donde proyectaron doce cortometrajes, siendo el más famoso La llegada de un tren a la estación, que consiste en la secuencia de una locomotora que llega a la estación. La cámara estuvo todo el tiempo en un mismo lugar filmando el tren que llegaba y se acercaba más y más. Ovaciones y asombro se escuchó en el salón del café cuando el tren se aproximaba y parecía salirse de la pantalla y caerles encima. Era la primera vez que la vida común se reflejaba en una pantalla en tiempo casi real (dieciséis fotogramas por segundo).

A partir de 1900, en Nicaragua se abre una nueva agenda cultural en el mundo del espectáculo, pero es a partir de finales de la década de 1915 que explota el boom cinematográfico a causa de la agresividad con que Hollywood distribuye sus películas; y esto coincide con el nacimiento del cine mexicano como industria.

Las películas de entonces eran silentes y la sala del cine no podía estar en silencio durante la proyección, entonces un pianista acompañaba las películas. Cuando la cinta tenía secuencias de dolor el piano sonaba doloroso y tenue, cuando había gran conmoción en la historia, el pianista avivaba su música. Cuando caía algo al suelo entonces un teclazo —quizás en la tecla Do o Fa— le daba vida a la toma. Entre los más famosos pianistas de esos treinta años de cine silente en Nicaragua se destaca el compositor Carlos Tünnermann López (padre del Dr. Carlos Tünnermann Bernheim, reconocido intelectual nicaragüense). Él acompañaba con composiciones propias y música clásica de Chopin y otros compositores. Su carrera como pianista de cines comenzó a finales de la segunda década del siglo XX en el Teatro Variedades de Managua.

Los treinta años de piano y fotogramas en Nicaragua se cuentan desde 1900 a 1930, ya que ese año llega el cine sonoro a León, y trae consigo una agenda nueva, cambia entonces la clase de público, los horarios en las funciones, la publicidad y las carteleras. Es una etapa maravillosa. Con la llegada del cine sonoro hubo que reconstruir las salas que estaban adaptadas para albergar a los pianistas y a las orquestas que acompañaban las películas. El horario de la cartelera se pasó a nocturnos y matiné en varias tandas, porque el espectador se abocaba a la cultura cinematográfica con mayor interés y ya no cabían en las pequeñas salas tantas personas que asistían a cada función. El precio del boleto de entrada a los cines se redujo cuando se abrieron los nuevos espacios de proyección y la competencia aumentó; al fin pudo acceder al cine la clase obrera y pobre, pues en los quince años anteriores el público mayoritario del cine provenía de la clase alta.

Se puede decir que con la inserción de la banda sonora, la magia del cine se enraizó en la cultura nicaragüense, para continuar seduciendo al público con sus 79 años más de fascinación, cinefilia o simple expectación.

La Prensa Literaria

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