Pablo Antonio Cuadra JUNTO a Mario Cajina Vega. LA PRENSA/Archivo.

Verdes en la poesía de PAC

Celebrar la memoria de un poeta imprescindible en este lanzamiento de la segunda edición de El mundo más que humano en la poesía de Pablo Antonio Cuadra significa también apreciar la riqueza ecológica de Nicaragua.

Por Steven F. White

Celebrar la memoria de un poeta imprescindible en este lanzamiento de la segunda edición de El mundo más que humano en la poesía de Pablo Antonio Cuadra significa también apreciar la riqueza ecológica de Nicaragua. ¿Ha habido un poeta más consciente en su obra de la biodiversidad de un lugar donde le ha tocado vivir? A lo largo de toda su vida, Cuadra, quien falleció a los 89 años en el 2002, ha demostrado una rara y aguda sensibilidad en torno al medio ambiente de su país natal. Gran conocedor del paisaje visible con sus volcanes, montañas, selvas, sabanas, lagos, islas, ríos, y costas, Cuadra también ha sabido revelar los secretos de otro paisaje, invisible pero historiado y animado por la memoria colectiva de un pueblo en la forma de folclor y cantos populares y también mitos de origen indígena. Cuadra es de un país con una ubicación privilegiada:

Nicaragua —afirma el poeta— geológicamente, es el centro de enlace y el puente entre las dos masas continentales. En Nicaragua se encuentran y traslapan las dos floras y las dos faunas, del Norte y del Sur. Y siguiendo a la naturaleza es también el lugar de encuentro de las culturas que ascendieron del sur con lenguas y culturas de origen preincaico, chibchas, amazónicas, y de las que descendieron del norte de origen tolteca, náhuatl, maya, etc.

El mundo más que humano en la poesía de Pablo Antonio Cuadra es un estudio ecocrítico. La ecocrítica “es el estudio de la relación entre la literatura y el medio ambiente físico”, y demuestra cómo la cultura humana se vincula con el mundo físico, afectándolo y, a la vez, siendo afectada por él (Glotfelty y Fromm xix). De acuerdo con este marco teórico, quisiera destacar cuatro fundamentos verdes que podrían servir para una lectura de la poesía pabloantoniana: 1) la topofilia de Poemas nicaragüenses , 2) la biofilia que caracteriza El jaguar y la luna , 3) el paisaje invisible que define Cantos de Cifar y del mar dulce y 4) la ecología cultural que es la cualidad más notable de Siete árboles contra el atardecer . Estos conceptos se pueden aplicar a la obra entera de Cuadra como una forma ecocéntrica de entender tanto su poesía como el medio ambiente que figura en ella de una manera tan importante.

¿Qué es la topofilia? Según Yi-Fu Tuan consiste en “todos los vínculos humanos afectivos con el medio ambiente material” (Tuan 93). Donde mejor se aprecia este afecto en Poemas nicaragüenses es en el poema que abre el libro Introducción a la tierra prometida , cuyo último verso es una especie de éxtasis espacial: “¡Amor nicaragüense!” A primera vista se podría pensar que es el nacionalismo que inspira el amor y que el libro es un proyecto que se limita a un solo país. Pero creo que hay una tierra que habla en este libro que es transnacional. El poeta quiere entablar un diálogo con la flora y fauna que aparecen en el espacio cartográfico de Poemas nicaragüenses pero que también son endémicos a una región mayor. El libro posibilita, claro que sí, un enfoque en un lugar específico —Nicaragua—. Pero este sitio, sin embargo, se define con elementos naturales que, al final, no reconocen necesariamente las fronteras entre países, creando así (a pesar del título del libro) un nacionalismo que se deshace a favor de lo extranacional. Además, son precisamente estas características ecológicas y culturales, fusiones de paisajes y experiencias, las que le permiten al lector hablar de un mapa afectivo no sólo del país donde germinaron los poemas sino de una zona biótica.

La fuerza ecológica y hasta edénica de Introducción a la tierra prometida consiste precisamente en el deseo del poeta de dirigir la palabra directa e íntimamente a una amplia diversidad de especies no humanas, una técnica que cobra una vigencia aún mayor en El jaguar y la luna . Este libro presenta una relación estrecha y sagrada entre los seres humanos y los animales en todas sus manifestaciones, sobre todo en su concepto aborigen del alter-ego. Edward O. Wilson, uno de los grandes naturalistas contemporáneos, ha propuesto la idea de la biofilia para definir la tendencia humana innata de enfocarse en la vida y los procesos vitales. Según él: “La hipótesis de la biofilia sostiene que hay una dependencia humana en la naturaleza que se extiende mucho más allá de […] la subsistencia material y física para abarcar también la necesidad de los seres humanos de poder realizarse en términos estéticos, intelectuales, cognitivos, e incluso espirituales” . Wilson sostiene además que “mientras el lenguaje y la cultura se expandieron, los humanos también utilizaron los organismos vivos de diversos tipos como una fuente principal de metáfora y mito; es decir, el cerebro evolucionó en un mundo biocéntrico”.

En El jaguar y la luna , además, Cuadra define el concepto mitobiofílico del alter ego que aparece en el arte aborigen pre-nicaragüense como: el otro como fundido con el ser humano, o encaramado sobre la espalda, la cara humana dentro de las fauces del animal, o el animal agobiando —como una carga sobre la cabeza y hombros— al hombre…

En términos ecológicos, la identificación personal del ser humano con las estrategias de adaptación de una especie específica a través de tradiciones como el náhuatl ayudan borrar las fronteras entre lo humano y lo más que humano.

En todos los libros de Cuadra, pero sobre todo en Cantos de Cifar y del mar dulce , opera el concepto del paisaje invisible que Kent C. Ryden define de la siguiente manera: “Para los que han desarrollado un sentido de un lugar, entonces, es como si hubiera una capa imperceptible de usos, memorias y significados —o sea, un paisaje invisible de señales terrenales de la imaginación— colocada encima de la superficie geográfica y el mapa de dos dimensiones” . El Gran Lago y sus islas, como cada lugar terrenal, además de tener su propia psique, personalidad e inteligencia, también hablan por medio de las personas que lo habitan. En Cantos de Cifar y del mar dulce , Cuadra ha creado una poesía ecoléctica que expresa la experiencia de un sitio específico que el poeta conoce bien y ama. Cifar, el protagonista del poemario, es de ese tipo de personaje que, en las palabras de Ryden “se eleva al rango de héroe folclórico porque, debido en gran parte a su dominio de las condiciones ásperas del terreno local, es alguien que cristaliza la experiencia geográfica local”. En el caso de Cifar, su canto se disuelve en la estela detrás de un barco guiado por manos humanas pero permanece en los poemas de Cuadra.

Cuadra también intenta revelar una serie de historias ocultas en ciertas especies que habitan el mismo lugar que el poeta en Siete árboles contra el atardecer , un libro en que cada personaje-árbol-poema demuestra cómo la cultura humana está conectada al mundo físico. Cuadra alcanza revelar aspectos de un paisaje invisible porque sus árboles (la ceiba, el jocote, el panamá, el cacao, el mango, el jenízaro, y el jícaro) albergan una riquísima mezcla de historia (personal y colectiva), folclor, mitología y características etnobotánicas que definen con mucha precisión la identidad nicaragüense. Siete árboles contra el atardecer es una antología vegetal que abre un diálogo con los seres humanos que habitan también el mismo ecosistema.

El poeta, además, habla de los usos medicinales de las plantas y dos temas contemporáneos sumamente polémicos que son el acceso a recursos genéticos y los derechos intelectuales del conocimiento tradicional indígena. Los siete poemas tienen un innegable valor simbólico, pero también una vitalidad literal. Ceiba pentrandra, Spondias purpurea, Sterculia apetala, Theobroma cacao, Mangifera indica, Pithecellobium saman, y Crescentia cujete forman una parte de la rica biodiversidad del lugar que habita el poeta.

Hay que señalar también La ronda del año , un libro calendárico cuyos doce poemas, sobre todo en las Antífonas , se enfocan en el medio ambiente de un sitio específico con características regionales por medio de su meteorología, astronomía y botánica asociadas con los ciclos de cada mes del año. Estos poemas conservan en su lugar el suelo y la memoria locales.

Mientras tanto, ¿en qué quedamos en cuanto a la esperanza? Jonathan Bate propone que la poesía, en términos muy literales, es la canción de la tierra y se pregunta si el poeta no es una sub-especie clave (keystone sub-species) de Homo sapiens, o sea, el poeta, como una criatura aparentemente inútil pero que es potencialmente el salvador de ecosistemas. En este sentido, los poemas verdes de Pablo Antonio Cuadra son canciones de la sustentabilidad. Como ha dicho Cuadra: “Cuando se hace un árbol-poema, la escritura puede enfrentar su creación: haciendo la semilla de un árbol con sus propias leyes de crecimiento, floración y fruto; o haciendo el árbol tal cual, soberano pero inmóvil. El poema seminal no cesa de engendrarse”. Los poemas ecológicos de PAC representan también una técnica mnemónica para recordar quiénes somos, de dónde venimos y, sobre todo, a dónde vamos si no logramos cuidar lo que nos sostiene.

La Prensa Literaria

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