Cayetana: vueltas que dan los artistas

El arte ha sido revueltas de un pintor o de varios artistas, poetas, músicos, bailarinas, dramaturgos… contra el arte anterior. Muchos de los grandes movimientos europeos de la plástica se han gestado de las maneras más inverosímiles.

Por Julio Valle-Castillo

El arte ha sido revueltas de un pintor o de varios artistas, poetas, músicos, bailarinas, dramaturgos… contra el arte anterior. Muchos de los grandes movimientos europeos de la plástica se han gestado de las maneras más inverosímiles.

Recordemos que el Giotto fue descubierto dibujando sobre piedras los animales que pastoreaba en la campiña italiana. Después vinieron los murales sobre San Francisco y la valoración. Los conventos medievales y aún en la época renacentista eran talleres que adquirieron famas no esperadas.

Recordemos al cartujo de Granada, Juan Sánchez Cotán. Después los más modestos pintores demandados por las cortes y los reyes llegaron a alcanzar y a producir obras mayores. El Vaticano como templo, como columnata, como cúpula, como capilla Sixtina, es decir, como edificio y galerías, más que el asiento del catolicismo es el museo de Miguel Ángel, Bernini y otros.

El desarrollo económico de las sociedades ha venido atrás o adelante, y pocas veces, simultáneamente con los procesos artísticos. Hay comunidades y pueblos especialmente dotados para la poesía, otros para la música, otros para la plástica…

El arte, afirmaba Luis Cardoza y Aragón, ha sido lo que la humanidad ha podido ser, y quizá lo que no ha podido. Ha habido artistas que huyendo de sus pobres medios se han fugado a los centros metropolitanos buscando ambientes propicios y allá se han descubierto americanos, indígenas o afrocaribeños…. Diego Rivera frente al trecento italiano se hizo muralista, José Clemente Orozco, mexicano también, podría pasar como un expresionista alemán, Siqueiros tiene toda la energía del futurismo, el guatemalteco Carlos Mérida encontró en el constructivismo los telares mayas míticos e ígneos……

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Un nombre como el de Rubén Darío, surgido en un pequeño país hacendatario, ganadero, despoblado y provinciano en 1867, si le buscamos causales sociales lo encontramos inexplicable. Sin embargo, Nicaragua es una de las máximas provincias poéticas de la lengua española toda. Y como si fuera poco, posee un movimiento plástico o visual que no le va a la zaga a ninguno de los países centro y sur americanos.

Antes de la llegada de Rodrigo Peñalba en 1945 la Escuela de Bellas Artes era precaria y atrasada. No había galerías de arte; las tendencias y corrientes y escuelas modernas se desconocían. Sólo algunas iglesias y salones de casas coloniales tenían muestras de la pintura religiosa y del retrato burgués del siglo XIX. Hoy contamos con Armando Morales, Alejandro Aróstegui, Leoncio Sáenz. Hasta finales del siglo XX se abrió un Centro de Arte en León, digno, heterogéneo o rico y con una concepción de integrar lo nuestro prehispánico, popular con el arte occidental clásico y moderno, de aquí y allá. Contra la escuela y estética de Bellas Artes, irrumpió Praxis, un grupo formado en Bellas Artes. Junto a Praxis se empezó a promover el arte primitivista en un remoto archipiélago del Lago de Nicaragua…

Una abuela aficionada a la pintura, que se había educado en París, Margarita Cardenal de Chamorro, solía pintar paisajes de pequeño y mediano formatos durante las vacaciones. Pintora de domingos veraniegos. Su hijo, Pedro Joaquín Chamorro, en sus múltiples temporadas de preso como opositor del régimen somocista, pintaba la libertad que no tenía desde ventanas, tras los barrotes; espacios del cautiverio. De esa afición y de ese manejo de tubos de óleos y acuarelas, pinceles y lienzos, pasteles y carbones se nutrió un nombre que apareció a principios de los setenta en el panorama de la plástica nicaragüense: Cayetana, quien era Cayetana. 

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Se preguntan en el medio artístico. Y con sentido de acuñar el mito, Pedro Joaquín Chamorro empezó a sugerir que podía ser una hija natural, fuera de matrimonio, una aventura de la carne juvenil de alguno de los Chamorro, inclusive él, porque los Chamorro ilegítimos han sido destacados en la historia de Nicaragua, baste pensar en Frutos Pérez, uno de los fundadores de Nicaragua como República o Emiliano Vargas, más tarde general Emiliano Chamorro, caudillo en mula del conservatismo que montó la contrarrevolución a Zelaya.

Entre el secreto y las risas cómplices, Cayetana siguió pintando y ascendiendo en el dominio de su arte. Colaboraba en el suplemento de LA PRENSA, con unas acuarelas y aguadas de tinta negra, cuyos personajes eran mujeres proletarias, vivanderas de delantal, con algunos gestos altivos, hombres obreros o trabajadores informales, carretoneros, figuras en el abandono y sin trabajo… Lo cual revelaba una identificación con el pueblo y una realización que tendía a un neorrealismo o neofiguración crítica. Ilustró el libro de cuentos de Pedro Joaquín Chamorro con un trazo muy certero y un espacio muy limpio a finales de los setenta.

Durante la década de los ochenta, Cayetana siguió pintando y dibujando: el pueblo que en esa década real o demagógicamente fue el centro del proyecto, siguió siendo su tema, incluso, combatientes, incluso llegó a fundirse en unas ilustraciones para mi Ronda tribal para el nacimiento de Sandino, con Margarita Calderón, la madre embarazada y acunando a su criatura en pobres pañales, el héroe.

Cargos políticos en la Revolución, Costa Rica, España, México y después una tragedia personal, larga, que la obligó a viajar y permanecer en hospitales de los Estados Unidos para salvar a su hijo, la arrancaron como le arrancaba la vida, su vida, de dibujar y pintar. Vueltas que da la vida, que hacen dar vueltas a los artistas. A finales de los noventa, volvió a la plástica, vuelta, retorno, acaso con el afán de sobrellevar el dolor y trascender las ausencias, entonces reapareció el retrato, la afirmación de la personalidad, de la vida, aunque de vuelta, que ella ya había cultivado.

Hizo retratos al crayón con originalidad y soltura, sus modelos eran identificables, padre, madre, hijos, amigos, pero con una gran economía, los rasgos esenciales y medio rostro. Combinaba y contrastaba el carbón negro con los labios rojos, principalmente en su autorretrato. Hay un autorretrato donde no pareciera llorar, sino que el rostro, el cabello, las facciones son el llanto. Pintó el dolor, con dolor. Visualmente evocaba un art noveau modernizado. 
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Ahora, vueltas que da la vida, que da el arte, en su dinámica personal, interior, ha vuelto, mejor dicho, sigue pintando, sus temas han ido a la memoria y se ha encontrado con la naturaleza, sus acuarelas tratan las frutas, no naturalezas muertas, sino en la quietud del trópico, en la luz solar, con sus colores maduros, con sus ácidos y dulces fragancias:

Véanse sus Toronjas, Técnica mixta: acuarela, crayola y cera. 26.5 x 35 cm. Papaya, toronja y mandarinas, Técnica mixta: acuarela, crayola y cera. 26.5 x 35 cm, Rodajas de sandía, Técnica mixta: acuarela, crayola y cera. 27.5 x 40.5 cm, Mangos, aguacate y papaya, Técnica mixta: acuarela, crayola y cera. 27.5 x 40 cm, Mandarinas en varios planos, Técnica mixta: acuarela, crayola y cera. 25 x 18.5 cm.

Parte de este encuentro con la naturaleza es con el paisaje. Cayetana pinta el pasaje de su infancia, muy suyo, una vivencia entrañable, una serie: Bahía de San Juan del Sur: y Al Amanecer y al atardecer, bajo la lluvia, el Perfil del indio a media mañana, Técnica mixta: acuarela, pastel de óleo, cera 27.5 x 43 cm.

Creo que de esta serie el paisaje lineal a la plumilla vislumbra otras directrices o derroteros que nos dará la artista y lo mejor es el tríptico a color, acuarela y técnica mixta, donde une cielo, mar, palmeras airosas y los extremos rocosos de la bahía. 

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Me parece que la serie más creativa e interesante es otra serie y radica en el retome del retrato: Niña en el jardín, Técnica mixta: acuarela y pastel de óleo, 40 x 27.5 cm. Mis padres, acuarela, 40 x 27.5 cm. Tardeando en Ocotal, acuarela, 40 x 27.5 cm, Semblanza de Tolentino. Acuarela, 40.5 x 28 cm. Descanso en el parque, acuarela y pastel de óleo. 41×28 cm. Entrando a clase, Técnica mixta: acuarela y pastel de óleo, 41 x 28 cm. Niño sentado, acuarela, 28 cm. Vestido de Lila. Acuarela. 41 x 28.5 cm.

El arte del retrato ha consistido elementalmente en el parecido fisonómico entre el modelo y el cuatro, y más complejamente, en la penetración sicológica, la interpretación del personaje retratado.

Pues bien, Cayetana ha logrado hacer retratos sin rostro, sin fisonomía y valiéndose de la gestualidad, de los trajes, de los ambientes y de las posiciones consigue el retrato indudable, aun más, retratos que se remiten a los antepasados de los retratados. 

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Esta reaparición y nueva exposición de Cayetana la ubica entre el grupo de mujeres que han pintado en las últimas décadas, no sólo como potencial y capacidad creativa, sino como mujeres que pintan sustentadas en sus vivencias femeninas, pero como pintoras.

No son los temas, sino la técnica, la novedad, la forma que se precia y aprecia por sus colores, volúmenes, dibujos y luces.

La Prensa Literaria

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