El tango, declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. LA PRENSA/Archivo.

Mendelssohn en el tango

Deducirá el lector: Absurdo, el tango no existía en los tiempos de don Félix Bartoldo (3 de febrero 1809-4 de noviembre 1847). Ciertamente el tango fue llevado a Europa en 1911 como baile de sociedad, no obstante, su génesis popular en los suburbios.

Por Joaquín Absalón Pastora

Deducirá el lector: Absurdo, el tango no existía en los tiempos de don Félix Bartoldo (3 de febrero 1809-4 de noviembre 1847). Ciertamente el tango fue llevado a Europa en 1911 como baile de sociedad, no obstante, su génesis popular en los suburbios.

La primera incursión ampliamente valorada y celebrada de su estreno en aquel continente tuvo su más inolvidable y referencial símbolo en el dúo En el Tiempo de la ópera de los 30 Centímetros de Kart Weill, considerada como el tango de más intensa y ejemplar belleza, como la introducción lírica y orquestal definitiva de su modalidad sentimental y festiva. Tango en la ópera, algo inusitado, pero puesto como el testimonio de su influencia en la cultura, más allá de la cabriola rioplatense, donde oficialmente y en una ceremonia alentada por los emigrantes europeos, por los descendientes de los esclavos africanos y por los nativos (criollos), fue bautizado con el nombre con el cual ahora aparece en todos los círculos del mundo. Acontecimiento en vuelo de lo que se instaló clavado en la madera fértil del bailoteo acelerado por la pasión acoplada de dos seres amantes, porque eso parecen ser en la compañía.

Hablo de la danza lenta y en compás de dos por cuatro, su característica, su aritmética, su rito al ser puesto en la música (“menos precisa que el más rudimentario de los idiomas, pero con la emoción comunicativa que no alcanza ninguna oralidad”), es una semicorchea, una corchea, una semicorchea y dos corcheas. Existe una combinación clásica en la orquesta, genuinamente organizada por la ortodoxia representativa, llegando algunos tercos de la tradición y del purismo, a sostener que sin esta formación lo que se toca no es tango, sino otra cosa. La asignación instrumental es: un violín, una guitarra, un acordeón, un piano y un contrabajo.

¿Por qué Mendelssohn en el tango? El término desde luego era absolutamente desconocido en su Alemania natal y en la esfera latina del continente donde apuró lauros con privilegios de erudición, como que no sólo compuso música sino que también leía a Homero en su lengua, por la influencia maternal. Empero dentro de los abrazos que se dieron la felicidad y la veneración, lo sedujo el ambiente popular. Predominó en él, el aire folclórico de la concordancia escocesa, de la gaita en la agitación danzarina, que era algo así como mover al cuerpo con temperatura de zona ardiente, un meneo que incurría en la vértebra más rebelde.

Nuestro pionero como ninguno otro de su tiempo se distinguió por ponerle a sus sinfonías el gentilicio de los países que visitaba. Es así como se conoce la escocesa o como se conoce la italiana a la cual quiero referirme por ser en esta cuarta de sus sinfonías donde con audacia introductoria Mendelssohn sugiere a los inminentes forjadores del tango, a los precursores oficiales para que de una vez le pongan el nombre al baile, lo cual ocurrió muchos años después de su muerte ocurrida en 1847. 

Mendelssohn Bartholdy fue  compositor, director de orquesta y pianista.  LA PRENSA/Archivo

Fue escuchando su propia Italiana donde informalmente le rindió culto al bailoteo, con la dinámica del trópico lejano. Por Italia pasó un Mendelssohn acróbata que si lo hubiera hecho en los arrabales argentinos, bien hubiese pasado como un “tanguero” de excelentes pasos. Distante estaba de configurarse ese teatro —esa euforia, ritmo en presto— ante los peregrinos. El propio autor, uno de ellos. Esa fiesta lo haría decir “Es la italiana, la pieza más alegre que he escrito”.

Una psicóloga colombiana con residencia de varios años en Alemania ha dicho con motivo de la designación de Patrimonio, Cultural e Inmaterial de la Humanidad, declaración del Comité Intergubernamental de la Unesco, para salvaguarda de las valías imperecederas, que en esa gira por Italia nació el tango, su lenta y bien coordinada cadencia, su dos por cuatro imbatible en la originalidad y en la galanura. Por algo se le conoce a don Félix como el músico de la elegancia. No obstante, otras extroversiones de corte más clásico y rayano con lo flemático.

Hagamos un breve recorrido por la sinfonía precedente, respetuosa con los cuatro movimientos de la forma sonata, escrita en La Menor, opus 90 (1833). En el primer movimiento los peregrinos se divierten silenciosamente con la introducción. Están frente a las corcheas staccato de los cellos y bajos, tentados a dejar un pasivo reclinatorio. Segundo movimiento: desvanecen los escrúpulos y se levantan a bailar compañero con compañera de dos en dos, sin la intromisión de ningún tercero. Se inspiran en el “andante con motto” y llegan al cuarto movimiento con el “saltarello presto” en la recuperación total del ambiente latino para el cual fue escrito armónicamente perfilado por el compositor, algo que ni remotamente se conocía como tango, pero que revela una semejanza que entra por los oídos. Tan simple como eso. Si usted escucha con atención el segundo movimiento de la Italiana, ubicará al contrabajo en una continua dedicación a ese compás consagrado para siempre. Sereno, tituló Mendelssohn a este pasaje en vez de “allegro” como serena y lenta es casi en todo su trayecto la simetría rioplatense. ¿Casual o premeditado anticipo? Para establecer la similitud no se requiere ser un avezado musicólogo. Basta con un poco de sensibilidad auditiva.

Al tango se le llama justamente Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Algo que vibra, suena, de la Gran Manzana a las luces de París, de Helsinki a Bali. Tiempos para no morir. Antes era arrabalero. Ahora es la jerga divina de la música. El triunfo de una candidatura presentada solidariamente por Argentina y Uruguay…

La Prensa Literaria

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