Si hay un trabajo que retrata con exactitud al Vicente Padilla que siempre hemos anhelado, ése es el del sábado ante los Cardenales, en el Busch Stadium.
¡Qué bárbaro! Han pasado tres días desde entonces y nuestro entusiasmo se resiste a morir. Aún podemos verlo golpeando la zona de strikes con autoridad, abanicando a Albert Pujols a base de poder y empujando con tenacidad a los Dodgers a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional.
Fue un Padilla fuerte y preciso. Concentrado, capaz de sobreponerse a la tensión inicial que afectó su control. Que probó de forma enfática su compromiso con el triunfo de los Dodgers y exhibió un sólido carácter para lidiar con propiedad en medio de las mayúsculas expectativas que había en Los Ángeles sobre su desempeño ante San Luis.
No sé usted, pero al menos para mí Padilla no excedió las expectativas, sino que trabajó como debería hacerlo a menudo con el material que tiene. Su problema ha sido que a veces luce como un “clon” de Juan Marichal y después se torna en una incongruencia de la peor calaña.
El Vicente del sábado es el que los Filis esperaban cuando dieron a cambio de él, a Curt Schilling a los Diamondbacks. Es el que los Rangers esperaban cuando lo firmaron por 33.75 millones de dólares por tres años. Pero han tenido que pasar una serie de eventos, para que lo veamos echando humo ahora.
Fue un Padilla que estuvo claro de que su elemento es el poder, pero con inteligencia. Vicente utilizó 73 bolas rápidas (la máxima a 97.1 millas), dos cambios, siete sliders, 11 cambios, una recta cortada y dos rectas de dos costuras, entre los 97 disparos que le hizo a San Luis, según Baseball Graphs and Statistics.
De Vicente se han dicho cosas extraordinarias sobre su talento. Que sería un ganador de 20 juegos, un perenne invitado al Juego de Estrellas y un líder de staff. El problema ha sido, que salvo chispazos, no lo han probado de forma consistente. De modo que lo del sábado es algo que se ha esperado de él.
Estamos claros que no siempre se puede conseguir. Pero si finalmente lo hizo, es porque tiene el material para ello. El punto es descubrir lo que permitió que ocurriera y mantener la rutina para que la consistencia sea uno de sus elementos constantes.
El del sábado fue el Padilla verdadero.