Cuando se centra la atención hacia la orientación sexual
A veces, pensar en la búsqueda de cómo tratar ciertos temas nos obliga a ser tratados como si caminásemos sobre el “filo de una navaja” por considerarse en muchas ocasiones un tabú (condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar) y que dada la certeza de una correcta educación sexual, podría sustentar y contrarrestar con bases científicas el hecho de que en otros países o culturas, los mismos puedan ser tratados sin dificultad y sin enrojecer a nadie.
Recuerdo en una ocasión dando clases de Biología (primer año de la carrera de Medicina) cómo los y las jóvenes, más allá del tema a tratar “desviaban” la atención hacia la orientación sexual, lo que reflejaba: uno, desconocimiento; dos, poca educación de la familia a los hijos, y tres, la sexualidad como un tabú.
“… Profesor, enamorarse significa: ¿pasión, lujuria con la persona que amamos?” La pregunta salió de una estudiante. La respuesta conllevaba a varias reflexiones: uno, la clase programada se iba a “desprogramar”; dos, me resultaba muy complejo y complicado, con esa pregunta a “quemarropa” desviarme, sentía un reto y había que responderlo ante un grupo de unos 40 estudiantes, que pretendía “medir fuerzas”: ¿sabrá o no sabrá el profe, se nos irá “por la tangente”? El caso fue que tras la pregunta, el silencio impregnó el aula clase. Para los y las docentes (desconozco para los de la disciplina de Finanzas) estas preguntas de Ciencias conllevan a la búsqueda de la respuesta en la experiencia, sin perder la ética y tratando los temas tal vez con un cierto conservadurismo.
¿Enamorarse? Algo espectacular, el corazón bombea mucho más rápido de lo permisible, rodeado con la expectativa de ser correspondido, y donde encontramos que nuestra pareja siente lo mismo, una entrega y respeto total para compartir intereses comunes y saber conllevar los que podrían resultar contradictorios.
¿Pasión y lujuria? Esto ya implica dentro de la pareja una entrega propia de la relación sexual, la que durante siglos –prácticamente inmortalizado– pero a la vez considerado como un pecado mortal y capital (forma parte de los Siete Pecados Capitales), siendo inclusive evidenciado con la presencia de dioses y diosas a lo largo de diferentes culturas (Afrodita, diosa del amor, la lujuria, la belleza, la prostitución y la reproducción; Anuket, diosa del Nilo, también diosa de la lujuria; Eros, dios primordial de la mitología griega responsable de la atracción sexual, el amor y el coito). ¿Conclusiones? Una crítica a la mujer (en esos tiempos, poco probable, el tema de equidad de género), como culpable, pecadora; mientras que Eros, ¡el macho!… La clase inconclusa, llego a su fin, en la puerta el docente que seguía… Lastimosamente se me acaba el espacio de hoy, considero que de estos temas habrá que seguir hablando. ¿Está de acuerdo conmigo?