- En Honduras todos apoyan a Selección de fut pese a crisis
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TEGUCIGALPA/ AFP
El crucial partido de este sábado entre Honduras y Estados Unidos logra lo que aún no puede un diálogo que busca una salida a la crisis política: unir a los hondureños afines al gobierno de facto de Roberto Micheletti y al depuesto presidente Manuel Zelaya.
Convulsionada desde el golpe de Estado del 28 de junio, Honduras hará una pausa esta noche para concentrarse en el duelo en que enfrentará como local a Estados Unidos por la penúltima fecha de las eliminatorias mundialistas de la CONCACAF.
A una sola voz, ‘zelayistas’ y ‘michelettistas’ animarán en un solo grito a su selección, que buscará en el Estadio Olímpico Metropolitano de la ciudad San Pedro Sula, 240 km al norte de la capital, su segunda clasificación mundialista y primera desde España 1982.
“La selección es lo único que nos une porque estos políticos nos tienen divididos, hasta dentro de la familia hay problemas, el esposo es zelayista y la mujer va con Micheletti, o bien los hijos ni se hablan”, dijo el agricultor Natividad Vásquez, de 40 años.
Banderitas y camisetas de Honduras se vendían en las esquinas y tiendas de Tegucigalpa, San Pedro Sula y otras ciudades del país, mientras que los restaurantes prepararon pantallas gigantes y convocaron a promociones para atraer clientes.
“Yo este partido lo veo como una pausa: nos olvidamos de la crisis política por un rato porque estamos pensando en el partido. Aquí estamos como cuando en la guerra, hay una pausa pero después seguirá el conflicto”, dijo un ingeniero agrónomo que se identificó como Jesús.
No todos sin embargo están dispuestos a que el futbol desvíe toda atención en el conflicto, que afectó a la población con toques de queda, restricción de libertades de reunión, movimiento y prensa y en la calle deriva en marchas todos los días.
Ondeando una gran bandera de Honduras, José Cruz, de 67 años, opina de política y de futbol, a la cabeza de una manifestación que fue reprimida con bombas de gases lacrimógenos por militares y antimotines en el hotel sede de un diálogo que busca resolver la crisis.