- “Esto ni se sueña en América Latina”, comenta un turista
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Veinticuatro horas antes de las elecciones parlamentarias en Alemania, simpatizantes de dos de los principales partidos políticos de ese país y contrincantes declarados en esa campaña electoral, buscaban conquistar a los votantes indecisos en la misma esquina de un supermercado de la Stralsunder Strasse, en Berlín.
Lado a lado, cada uno de los grupos hacía lo suyo en completa armonía, como si uno no se percatara de la presencia del otro. Peter, un padre de familia demócrata cristiano, estaba allí tan tranquilo en el kiosco de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) instalado frente al del Partido Social Demócrata (SPD). Repartía volantes de la CDU mientras llevaba a su hijo menor en brazos y su hija, de unos 4 años, jugaba en una bicicleta a metro y medio de distancia.
La tarde anterior, bajo la mirada de la Diosa de la Paz que conduce la Quádriga que corona la Puerta de Brandenburgo, el ex candidato socialdemócrata, Frank-Walter Steinmeier, había concluido su campaña electoral mientras, entre la multitud que se reunió para el evento, había varios grupos en protesta por la falta de medidas contra el cambio climático o la guerra en Afganistán.
Estaba incluso un grupo de demócratas cristianos con pancartas de apoyo a la canciller Angela Merkel, a quienes el público socialdemócrata miraba de reojo, como queriendo que desaparecieran, pero nadie intentó echarlos ni agredirlos.
En ese punto, uno de los iconos más famosos de Berlín, no faltaron curiosos o turistas que miraban extrañados cómo el grupo demócrata cristiano permanecía hasta el final del evento del partido contrario, sin recibir insultos.
“Esto ni se sueña en América Latina”, le comentó un turista mexicano a otro, que igual se detuvo a curiosear en su tránsito por la Unter den Linden.
“FACILITAMOS EL VOTO”
Los eventos finales de la campaña de los partidos no es lo único que sorprende, por su contradicción con la confrontativa política partidaria latinoamericana.
Un grupo de periodistas latinoamericanos, que la semana pasada visitamos Berlín, con motivo de las elecciones parlamentarias del domingo 27 de septiembre, también observamos cómo el director de uno de los distritos electorales más grandes de Berlín, Herr Baasen, se movilizó en su bicicleta desde el colegio electoral de la Berlinishce Galerie hacia otro colegio.
Se trasladó sin escoltas que le cubriesen, ni sirenas o luces que detuvieran el tráfico para que pasara, como requeriría algún funcionario de mediana importancia en cualquier país de Centroamérica.
Antes de tomar su bicicleta, Baassen había explicado por más de una hora cómo funciona el sistema electoral alemán desde la apertura de los colegios, la estructura de la boleta y el depósito del voto.
Aunque confesó su sorpresa, no respondió histérico o molesto a las preguntas sobre la posibilidad de que en Alemania ocurriera una extraña situación, a la que los periodistas latinoamericanos se referían como algo parecido a una elección con irregularidades, trampas y fraudes.
“Nuestro objetivo —explicó Baasen— es facilitar el ejercicio del voto a los ciudadanos”. Esa declaración en particular me resultó ajena, por proceder de un país centroamericano, donde en los alrededores de los centros de votación, o en las calles de la ciudad, circulan personas armadas de piedras, morteros o machetes que buscan intimidar a los ciudadanos que no militan en las filas del partido que les contrata, moviéndose con la impunidad que les han facilitado algunas autoridades.
Que se pueda votar por correo, que un discapacitado reciba la boleta a las puertas del colegio, que baste una firma para confirmar la votación y que a uno no le embarren de tinta un dedo, ni le pinchen la cédula de identidad, para evitar un doble voto, “porque eso no ocurre aquí”, son realmente “cosas raras”, según comentó un periodista dominicano del grupo.
RESULTADOS INMEDIATOS
Cinco minutos después de la hora del cierre de los colegios electorales (las 6:00 de la tarde, según la Ley Electoral Federal), los medios de comunicación alemanes revelaban la tendencia de la votación a boca de urna, que una hora más tarde confirmaban las autoridades oficiales.
“Si los resultados no se dan pronto y los partidos no definen sus pasos, los alemanes se desesperan; por eso se evita, no ocurre”, aseguró a LA PRENSA la experta electoral Weronika Priesmeyer-Tkocz, días antes de la votación.
Nadie se desesperó. En menos de dos horas, la canciller Merkel celebraba su segundo mandato con un gobierno de centro-derecha, al lado de los liberales.
Los pronósticos acertaron y no hubo mayores sorpresas en las elecciones parlamentarias, para la decimoséptima asamblea del Bundestag.
La canciller alemana espera tener su nuevo gobierno para la celebración del veinte aniversario de la caída del Muro de Berlín, el próximo 9 de noviembre.
Para entonces, Nicaragua estará cumpliendo el primer año de uno de los fraudes electorales más escandalosos de su historia. Por eso, el Consejo Supremo Electoral (CSE) aún mantiene ocultos los resultados totales de las elecciones municipales del 2008.