Especial para LA PRENSAHaarlem/ Holanda
Elvin Orozco, antes del partido frente a Cuba en el que lanzó 5.1 innings sin hits ni carreras, probablemente no era un jugador muy conocido entre los aficionados nicaragüenses.
Y existen razones por las que su nombre no suene tanto como el de otros. Lo primero es que este muchacho que viste por segundo año consecutivo la camiseta nacional apenas jugó este año con el Matagalpa en la Primera División.
Pero después de lo logrado frente a Cuba, nadie lo olvidará. Orozco fue scouteado y firmado por los Yanquis de Nueva York desde hace tres años, y desde entonces se ha cultivado en el sistema de ligas menores de esta organización, donde no sólo ha escalado hasta la categoría Clase A, sino que ha aprendido el arte de lanzar.
Conversó con LA PRENSA sobre su trabajo frente a Cuba: “Ahora estoy nervioso, no lo puedo creer que haya trabajado tan bien, no me lo esperaba. A la hora del juego no sentí nada, sólo ganas de pitchear y hacerlo bien. Pero, ahora sí estoy nervioso”.
¿Cuál fue la clave para hacer tan buen trabajo?
“Desde que llegué al estadio me concentré en mi objetivo, le pedí muchísimo a Dios porque todo me saliera bien. No lo tomé como algo fuera de lo normal, lo único que pensaba era realizar un buen trabajo, dar lo mejor de mí y ayudar al equipo a ganar. No tuve ninguna presión, nunca pensé en que iba a tirarle a Cuba, tomé las cosas con calma, traté de dar lo mejor de mí, y ahí están los resultados.
¿Qué aprendiste hoy?
“A los cubanos no les gusta que los trabajés con rectas pegadas. Entonces me di cuenta de eso y trabajé mucho con pitcheo pegado, rectas afuera y bajitas también”.
¿El primer hit de Cuba te desenfocó?
“No, no lo creo, no me afectó, seguí trabajando con las mismas ganas, aunque ya me sentía un poco cansado”.