(La Prensa/Miguel Lorío)

Floté, soñé y reflexioné

Mi alma se aleja poco a poco. Me siento libre, mi cuerpo flota. No siento dolor a pesar que la pierna izquierda sostiene todo mi cuerpo. Me siento familiarizada con los malabares que hago con el cuerpo tratando de estar en equilibrio. Pienso: ¡esto del yoga es fácil! Inmediatamente pierdo la armonía y caigo al […]

Mi alma se aleja poco a poco. Me siento libre, mi cuerpo flota. No siento dolor a pesar que la pierna izquierda sostiene todo mi cuerpo. Me siento familiarizada con los malabares que hago con el cuerpo tratando de estar en equilibrio. Pienso: ¡esto del yoga es fácil! Inmediatamente pierdo la armonía y caigo al suelo como saco de papas. Entiendo. Todo se trata de la relajación y la respiración correcta.

Patricia Adams es estadounidense, mujer joven, recia, blanca, con voz dulce y firme. Estamos uniformadas con pantalón y camisola negra. Es la instructora de yoga en la Cooperativa Tininiska. Me pregunta que si he hecho yoga antes y que si hago otro ejercicio. Mi respuesta es negativa. La expresión en su cara es de ofuscación, luego entre risas me dice que por lo menos tengo el vestuario apropiado para hacerlo. Eso me preocupa porque me han dicho que hacer yoga no es nada fácil, que el cuerpo tiene que tener elasticidad y yo siempre he llevado una vida sedentaria.

En la clase sólo hay tres mujeres. Los ruidos de los perros ladrando, los carros pitando y las personas que pasan hablando y gritando por Tininiska en la Centroamérica no me permiten concentrarme. Inhalen y exhalen por la nariz. Fue la primera instrucción mientras cierro los ojos sentada sobre una alfombra, tal como se sentaba Buda. Poco a poco mi cuerpo experimenta sensaciones que jamás he sentido. Llego a tener miedo. Me provoca abrir los ojos de vez en cuando. Un cosquilleo recorre mi cuerpo de pies a cabeza. Tengo la sensación de que estoy flotando. Supongo que estoy relajada. Y empiezo a disfrutarlo.

La respiración de Patricia, de Leonor Delgado, presidenta de Tininiska y de la señora que tengo al lado, es profunda y con mucho ruido. Mi respiración no se escucha. Trato de imitarlas, pero no me sale el sonido fuerte por más que lo intente. No respiro tan profundo como ellas y me cuesta retener el aire en mis pulmones.

Pie derecho recto, brazo derecho en el piso, pie y brazo izquierdo en el aire. Las instrucciones son: saca trasero, mete coxis a la vez. Es muy difícil, pero una vez que se logra, la fuerza con que trabaja el cuerpo da una sensación de fuego intenso. Tanto estiramiento me provoca un calambre en mi pierna derecha sacándome un lamento tal como si me hubiese quebrado el pie. Patricia me ayuda con estiramientos para que el calambre pase. Las demás posiciones me cuestan porque la pierna no responde muy bien. Pero me gusta pensar que el vaso con noni que me bebí antes, me dará energías y me ayudará a realizar mejor las actividades. Otra de la posición es acostada en el piso, todo se trata de estiramiento. Pero mi favorita es la posición del niño, acostada boca abajo con las piernas encogidas. Ahí puedo descansar y darme cuenta cuál parte de mi cuerpo ha trabajado más.

“Yoga, es un sistema de posturas físicas cuyo propósito es lograr que el cuerpo esté apto para la meditación. Generan serenidad física y mental. Reflexionen: ¿Qué hago aquí? ¿Estoy contenta con la vida que llevo? ¿Puedo responder mejor ante los problemas cotidianos? ¿Cuáles son mis propósitos en la vida?” Reflexionen, insiste Patricia. Su voz era lo único que escuchaba en ese momento, aunque sabía que el ruido en la calle continuaba. “Ahora descansen en la posición de niño para prepararnos a la meditación final”, continúa.

Concentrar la mente, abstraerse en meditación, recordar, unir, conectar, otorgar. De eso se trata el yoga. La meditación final es confusa para mí. Acostada boca arriba y con los ojos cerrados, me concentro en las palabras de Patricia. Me da la impresión que sabe lo que pienso, porque sus palabras son respuestas a mis interrogantes. Esta vez mis pensamientos sí son de reflexión. Ahora si pienso cuál es mi propósito en la vida y que es lo que quiero en el futuro. La relajación fue tanta, que creo que me dormí. Creo que estuve soñando con el paraíso. Todo era paz y amor. Era tranquilidad. Seguía flotando. Era feliz.

Me da la impresión que Patricia en ese momento se sostenía con la cabeza y con los dedos de

las manos, los pies rectos hacia arriba. Tal vez era parte de mi sueño, o tal vez sí lo hizo. Debido a mi confusión y excitación, lo único que quería al terminar era contar mi experiencia y decir lo que había hecho, manifestar mi alegría y paz interior que no sentía antes de haber llegado ahí, por eso no le pregunté. Las únicas palabras que me salían en ese momento era decir. ¡Gracias!

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí