El presidente Ortega se protegió de la lluvia bajo el techo de la Hacienda San Jacinto. El resto de asistentes se tuvo que mojar. (LA PRENSA/G. Miranda)

Deslucida llegada de la Antorcha

Ortega, más preocupado por el golpe a Zelaya que por los problemas de Nicaragua La naturaleza le hizo una mala jugada al Ministerio de Educación (Mined) y literalmente le “aguó la fiesta” que había preparado para que el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, recibiera la Antorcha de la Libertad, que recorre la región, y […]

  • Ortega, más preocupado por el golpe a Zelaya que por los problemas de Nicaragua

La naturaleza le hizo una mala jugada al Ministerio de Educación (Mined) y literalmente le “aguó la fiesta” que había preparado para que el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, recibiera la Antorcha de la Libertad, que recorre la región, y se la entregara a su anfitrión, Daniel Ortega, en la Hacienda San Jacinto.

A pesar de la cantidad de problemas económicos y sociales que enfrenta el país, durante su intervención Ortega aseguró que una de las batallas prioritarias que debe librar Nicaragua es restituir el orden constitucional en Honduras. Además, volvió a criticar las bases militares estadounidenses que funcionarán en Colombia.

Alrededor de 200 buses trasladaron a más de 5 mil estudiantes de todo el país hacia la Hacienda San Jacinto, para que participaran en la ceremonia que estaba prevista iniciara a las 3:00 p.m.

A esa hora miles de estudiantes bajo el inclemente sol, pero llenos de entusiasmo, ensayaban las consignas que gritarían cuando ingresaran los mandatarios. Pero la impuntualidad que caracteriza a Ortega los obligó a retrasarse. A eso de las 3:30 p.m. comenzó un aguacero acompañado de descargas eléctricas que obligó a la mayoría de los asistentes a abandonar el lugar.

Sólo unas 400 personas, entre alumnos, maestros y funcionarios del Mined, aguantaron el agua y permanecieron firmes en sus lugares. A eso de las 5:00 p.m. Ortega ingresó a la hacienda, su huésped lo hizo unos diez minutos más tarde, y finalmente inició el acto que se redujo a tres discursos, los de los mandatarios y otro del historiador cubano Eusebio Leal.

Aunque la antorcha llegó a la hacienda con puntualidad y la lluvia la apagó más de una vez, al inicio del acto, para cumplir con el programa, la sacaron a escondidas y luego ingresó.

ZELAYA AGRADECE HOSPITALIDAD

Zelaya, quien al levantarse de la mesa de honor olvidó su sombrero, no tomó la antorcha hasta que su inseparable canciller, Patricia Rodas, se lo alcanzó. Después de posar para los fotógrafos la entregó a Ortega. Posteriormente tomó la palabra y en un breve mensaje agradeció la hospitalidad de Ortega, de la primera dama Rosario Murillo y de las diferentes fuerzas políticas que le han dado una mano, aunque no especificó quiénes.

Recordó los lazos de unión que unen a ambos países y la lucha de muchos próceres, entre ellos Francisco Morazán, por concretar la unión centroamericana. Aunque en esta ocasión no anunció otro regreso, una vez más aseguró que no se cansará, no dará tregua ni se rendirá, “aunque tenga que dar la vida”, por rescatar “la democracia en Honduras y derrocar al régimen golpista que hoy usurpa el poder”.

El presidente Ortega, aunque miró que la gente seguía abandonando el lugar porque la lluvia no cesaba, después de culpar al “aguacero con rayerías” de su impuntualidad, inició su discurso, que se extendió por casi cuarenta minutos.

Cuando su ya tradicional charla de historia concluyó, sólo unas cien personas lo escuchaban.

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