Julio Franco es un ejemplo de disciplina y trabajo duro para jugar, con éxito, en el más alto nivel en el beisbol: las Grandes Ligas. (LA PRENSA/ DIANA NIVIA)

La madurez fue clave

[doap_box title=»¿Y los nicas?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Denis Martínez: un profesional en todo el sentido de la palabra. Tuve el honor de jugar con él y lo recuerdo salir del campo siempre corriendo. Un hombre serio en su trabajo. Un embajador del beisbol y un ejemplo para todos los peloteros latinos. David Green: tenía todo para […]

[doap_box title=»¿Y los nicas?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Denis Martínez: un profesional en todo el sentido de la palabra. Tuve el honor de jugar con él y lo recuerdo salir del campo siempre corriendo. Un hombre serio en su trabajo. Un embajador del beisbol y un ejemplo para todos los peloteros latinos.

David Green: tenía todo para ser un superestrella, pero le faltó Cristo en su corazón y se desvió. Es una lástima que no haya desarrollado su potencial, pero era admirable todo el talento que tenía. La última vez que lo vi fue hace tres años en San Luis.

Vicente Padilla: no tuve éxito contra él. Entiendo que me fui de 4-0 frente a él. Tiene un sinker extraordinario, pero el temperamento lo estaba traicionado. Se miraba incómodo consigo mismo si algo no salía como él deseaba, pero ha superado eso.

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La fórmula de Julio Franco para durar

Julio Franco no parece el típico dominicano de hablar agitado, que se enciende ante un merengue y respira beisbol en lugar de aire. Al contrario, se expresa suave, con un tono casi ceremonioso y sitúa la disciplina sobre la habilidad, como la clave para el éxito.

Desde hace dos días, este quisqueyano de 51 años, 23 de los cuales los pasó en Grandes Ligas, está entre nosotros.

Está aquí para compartir sus conocimientos y para insistir en la importancia de muchos valores como el fundamento para triunfar en el beisbol.

“Es importante lo que haces en el campo, pero es mucho más lo que haces fuera del campo”, dice Franco a LA PRENSA. “Hablo de tu cuido personal, de tu disciplina y tu determinación para alcanzar tus metas. Talento y disciplina deben ir a la par”, agrega.

Franco sabe de lo que habla. Jugó en las Mayores desde 1982, cuando debutó con los Filis, hasta el 2007, cuando se despidió con los Bravos. Tenía 49 años cuando bateó un jonrón con las bases llenas y se retiró con promedio de .298 en su extensa carrera.

¿Cómo pudo jugar tanto tiempo?

La clave fue madurar temprano, lo que me hizo entender que debía privarme de muchas cosas para alcanzar lo que más deseaba: éxito en las Mayores. Así que cuidé mi cuerpo, sin desvelos, sin vicios y con la preparación que este deporte demanda. Ésa es la clave.

¿Imaginó jugar hasta los 49 años?

Nunca. Cuando debuté en 1982, yo tenía 23 años y pensé que con diez temporadas sería suficiente para retirarme, pero Dios me lo duplicó (23) y se lo agradezco, porque todo lo que uno tiene es un regalo de Dios y a él le doy la honra y la gloria.

¿Cuál es el momento de mayor orgullo?

Orgullo no siento por ninguno. Los cristianos no debemos sentir orgullo. Lo que siento es agradecimiento a Dios por permitirme ser el Más Valioso en el Juego de Estrellas de 1990, cuando lo decidí con un doble ante Rob Dibble y mi mamá estaba en las tribunas.

¿Qué le dijo su mamá aquel día?

Estaba feliz. Vio que todo el esfuerzo que había hecho desde mi niñez estaba rindiendo frutos. Tú sabes que la mejor enseñanza es la casera y mi mamá, que es cristiana, hizo lo necesario para criarnos, a mí y a mis hermanos, como buenas personas. Estaba feliz.

¿Cómo fue su infancia?

Como la de cualquier niño que nace en una familia humilde, con una mamá que fue mi papá a la vez, y que me insistía en los estudios. Llegué a octavo grado, pero después de ver a Ricardo Carty, César Cedeño y Joaquín Andujar, uno quiere ser como ellos.

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