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Debió ser un big leaguer
Los aficionados al beisbol que han doblado la curva de los sesenta años, más que respetar a Rigo Mena, parecen venerarlo.
Y es comprensible. Lo vieron brillar más que muchas luminarias de las Grandes Ligas, que aún hoy día tienen un consistente recuerdo de él.
“Me alegra ver el respeto y consideración que la gente me tiene. Eso significa que no hice tan mal mi trabajo”, señala Mena con su sencillez de siempre.
Mena es para la mayoría el mejor shortstop producido en Nicaragua, y aunque Everth Cabrera podría reescribir la historia, nadie se atreve a bajar a Rigo de la cima. Al menos no ahora.
“Dicen que he sido el mejor quienes me vieron jugar, pero con el paso de los años lo que me da pesar es no haber llegado a las Mayores”, afirma.
Firmado por Detroit en 1961, Mena viajó a Estados Unidos y militó durante tres campañas en las Menores, antes de ser canjeado a los Sultanes de Monterrey, en México, en 1964.
“Lo que más me afectó a mí fue no haber tenido tal vez un agente, alguien que me orientara, porque talento creo yo que lo tenía”, señala Mena.
Los fanáticos nicas se percataron de ello cuando lo vieron brillar en la Serie Interamericana de 1964 aquí, opacando a varios torpederos del big show.
“Ése es uno de mis mejores recuerdos, pero donde jugué, lo hice bien. En México bateé sobre .300 y lo mismo hice en las Ligas Menores”, asegura.
Batear fue la principal virtud de Rigo, quien sin ser veloz, sabía ubicarse a la defensa y su brazo era cosa seria.
“Cuando jugué en México, hubo interés de Houston en mí, pero se me dijo que Wilfredo Calviño (q.e.p.d.) bloqueó un poquito ese asunto”, señala.
En 13 campañas en la pelota azteca, Mena resumió un promedio global de .300, debido a 1,777 hits en 5,918 turnos, con 75 jonrones y 735 remolques.
Por su talento, su sólido historial y don de gentes, Mena sigue profundo en el sentimiento popular.