No sé cómo el periodismo estadounidense trató a David Green cuando tuvo problemas con adicciones que le impidieron colocar la realidad a la par de las expectativas, que se habían construido en base al formidable potencial del jardinero de la Colonia Managua.
Tampoco dispongo del material que se elaboró respecto a Denis Martínez, cuando fue golpeado con brusquedad por el alcoholismo, del que afortunadamente escapó, para luego convertirse en el referente de los beisbolistas nicaragüenses en toda la historia de este país.
Lo que sí he seguido con atención ha sido la agresividad con que ha sido atacado Vicente Padilla, quien acusado de ser un mal compañero de equipo y miembro poco responsable de los Rangers de Texas, ha sido separado del conjunto y ahora tiene que valorar otros escenarios.
Mi punto no es si Padilla merece o no ser considerado como una influencia negativa o un cáncer en el equipo, sino qué tan consciente está Vicente de la necesidad de revisar sus acciones y aplicar las variantes que la situación amerita. Creo que ésa es la clave.
Y no es que Padilla tenga que ser el jugador sonriente y amable que el periodismo desea. Tampoco tiene que fingir o apartarse de su esencia como ser humano para satisfacer a los demás, pero cuando el fuego viene de todos los flancos, algo hay que hacer.
Cierto o no, del nica se han quejado los periodistas, la gerencia de Texas, sus ex compañeros de equipo y hasta el manager, quien pudo haberse parado en la brecha y decir que no quería un movimiento así, si consideraba a Padilla necesario para el conjunto.
Padilla no está obligado a aceptar esas críticas. Ni siquiera a atender la sugerencia que le hago en este momento, pero creo que sería bueno que reflexionara seriamente en torno a todo lo que le ha sucedido, para modificar sus actitudes y disipar esa reputación de jugador conflictivo.
Hoy que atraviesa esta situación difícil, yo quiero decir que aprecio todo lo que Padilla ha hecho como atleta. El ejemplo que ha dado y las emociones que nos ha regalado. Estoy seguro que volverá a agarrar vuelo, y si agrega madurez a su repertorio, no será fácil bajarlo.
Al menos yo, no me asustaría que lo mejor de Vicente aún esté por venir.