- Por la complicidad de policías en el ataque de las turbas
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La pasividad y “complicidad” con que actuaron agentes de la Policía Nacional, especialmente el que portaba la chapa número 2074 e incitaba a sus compañeros a permitir que las turbas orteguistas agredieran a miembros de la Coordinadora Civil, es para algunos afectados la muestra de que la máxima jefa policial, primera comisionada Aminta Granera, ya no logra que esa institución cumpla sus objetivos y, por tanto, le recomiendan renunciar.
Irvin Larios, uno de los golpeados por los orteguistas el sábado pasado, relató que al escuchar al policía pedir a sus compañeros no intervenir para dejar que las turbas los golpearan, sintió volver a la época de la dictadura de Somoza.
Para la ex guerrillera sandinista Dora María Téllez, el hecho de que un policía haya dicho que estaba bien que los golpearan “es una cosa gravísima, y en cualquier país del mundo estaría detenido y enjuiciado por complicidad con las tácticas gansteriles sobre ciudadanos que realizaban una actividad cultural”.
Añadió que la comisionada Granera ya no está logrando que la Policía cumpla con su deber, y el primer paso para conseguir que la institución “vuelva sobre sus pasos”, que había consolidado después de 30 años de su fundación, es que Granera reconozca que el presidente Daniel Ortega está manipulando a la institución.
Que Granera “tenga el valor de renunciar”, sugirió Téllez.
“POLICÍAS IGUAL QUE GUARDIAS SOMOCISTAS”
Larios, quien se declara militante sandinista desde que era un niño, aunque actualmente se desempeña como representante de la Federación de Organismos No Gubernamentales (FONG), coincide con Téllez en que la Policía de Nicaragua ya no responde a los intereses de la población.
Dijo que al escuchar a un agente policial gritar a sus compañeros que no intervinieran y dejaran que las turbas golpearan al grupo, porque “eso era lo que salían a buscar a las calles”, creyó haber vuelto al pasado, ya que sintió el mismo miedo que le provocaban los agentes de la Guardia Nacional cuando, siendo parte del movimiento estudiantil (antes de 1979), fue atacado muchas veces mientras participaba en la lucha contra la dictadura somocista.
“Con todo el dolor de mi alma, porque yo he respetado mucho a Aminta, pero mientras escuchaba a ese policía me pareció que estaba hablando un guardia de Somoza. Sentí que estaba en manos de la misma guardia que nos persiguió, torturó y asesinó, durante los años setenta”, expresó Larios ayer.
Recuerda que tomó las armas para terminar con la época somocista, cuando “ser joven” era un delito. Pero lamenta que ahora el delito sea “pensar distinto”, y que del movimiento revolucionarios en que él luchó sólo quede el nombre (Frente Sandinista), porque está en manos de un grupo de gente que no sigue los ideales de Augusto C. Sandino ni Carlos Fonseca.
POLICÍA SIGUE CALLADA
La Policía Nacional aún no da su versión sobre los hechos. Ayer el teléfono de la jefa de Relaciones Públicas, comisionada Vilma Reyes, lo contestó Yaosca Meléndez, quien dijo ser su hija. Recomendó que hiciéramos la consulta al subcomisionado César Cuadra, ya que su mamá estaba fuera de Managua, pero quien contestó el celular de Cuadra dijo que éste también estaba fuera de la capital.