- Ballet Folklórico Nicaragüense emocionó a un teatro lleno
El misticismo de El Toro Huaco inauguró la presentación que el Ballet Folklórico Nicaragüense ofreció como un saludo a las fiestas agostinas.
Contorsiones de cuerpo, rituales indígenas y mucha fantasía se fusionaron en esta primera pieza que emocionó al público, para luego dar lugar a la nostalgia por la vieja Managua que encierra Barrio de Pescadores.
El repertorio incluyó un recorrido musical por todo el territorio nacional; se hizo una parada por Ometepe con El baile del Zompopo y se llegó a la Costa con la coreografía del Palo Encintado; sin olvidar El Solar de Monimbó, el son de toros y un adelanto de las tradiciones navideñas nicas.
Pero la danza no fue la única protagonista de la noche; ahí hubo canto a cargo de Juan Solórzano, música de marimba y chicheros en vivo para la bajada de Santo Domingo.
Pero la exquisita voz de Carlos Rodríguez al declamar un poema dedicado a Nicaragua conquistó al público que abarrotó la Sala Mayor, mientras se escuchaba de fondo la Nicaragua Nicaragüita.
Una emoción, que los ojos húmedos de aquella señora en el primer balcón no se molestaron en esconder.
“Qué belleza. Y qué bien que bailan los hombres”, expresó a su salida una de las asistentes con un notable acento español.
“Fue un espectáculo memorable; yo lloré como tres veces”, expresó emocionado el maestro Ronald Abud.