(FOTO: LA PRENSA/ A. MONTANO)

Puros cuentos de Ramírez

Sergio Ramírez ofrece una breve retrospectiva de su faceta como cuentista. Con el lanzamiento de Perdón y Olvido el escritor nicaragüense también ayuda a impulsar el trabajo de los escritores jóvenes que ven en él un ejemplo a seguir [doap_box title=»PERDONE, PERO NO OLVIDE QUE…» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Esta antología de cuentos de Sergio Ramírez fueron […]

  • Sergio Ramírez ofrece una breve retrospectiva de su faceta como cuentista. Con el lanzamiento de Perdón y Olvido el escritor nicaragüense también ayuda a impulsar el trabajo de los escritores jóvenes que ven en él un ejemplo a seguir
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Esta antología de cuentos de Sergio Ramírez fueron seleccionados por los escritores Ulises Juárez y Francisco Ruiz Udiel.

La presentación se realizará el próximo miércoles 19 de agosto en el auditorio central de la Universidad Americana a las 6:30 p.m.

El libro estará a la venta en las principales librerías del país a un costo de 40 córdobas.

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A Sergio Ramírez no le gusta hablar de política, pero le encanta hablar de literatura. En esta oportunidad comentó un poco sobre Perdón y Olvido, una antología que recoge una muestra de sus cuentos y que se publica en la víspera de sus 50 años de carrera literaria.

Una obra que, según él, significa un corte de cuentas, “pero un corte de cuentas para seguir adelante”, expresa.

Ramírez cedió sus derechos de autor para que, con la venta de este libro, se pueda favorecer la publicación de escritores más jóvenes. En el libro se incluyen 32 relatos, incluido El Estudiante, el primer cuento de Ramírez, que fue publicado en 1960 en la revista Ventana.

¿Cómo decide cuáles eran los cuentos que iban a ser incluidos en la obra?

Eso dependió del gusto de los editores, de Ulises Juárez y de Francisco Ruiz Udiel. Yo hice unas cuantas indicaciones; no cambié, sino que agregué un par de textos que me parecía debían estar.

¿Y por qué permitir que otras personas seleccionen su obra?

Es útil ver cómo lo ven a uno como escritor, ver lo que quisieran leer de uno. Cuando uno hace una antología personal, a lo mejor se pasa de flojera o se pasa de rigor; entonces uno puede cometer injusticias consigo mismo.

¿Cómo cree que lo está leyendo la gente joven?

Bueno, eso es un enigma que uno tiene que plantearse cada día. Pero la aspiración de un escritor es no envejecer frente a los ojos juveniles; porque la literatura trata de temas que no tienen tiempo: el amor, el odio, los celos, las ambiciones de poder. Cuando uno trata estos temas, aunque sea con los escenarios del momento, pues siempre lo van a leer con interés.

Con esta iniciativa, usted le está ayudando a escritores jóvenes. ¿Cuál es la influencia literaria que tiene en ellos?

Para mí es muy difícil responder eso. Habría que preguntarle a los escritores jóvenes qué he podido enseñarles yo.

¿Pero qué es lo que espera enseñarles?

En primer lugar que la literatura no es asunto de juego, sino algo muy serio que requiere dedicación y disciplina. Quisiera quitarle ese ambiente de ligereza que alguien le pueda dar a la literatura y convencer a un joven que tiene que trabajar muy duro para lograr una página.

Regresando al libro. ¿Hay alguno en particular que lo considere especial?

Yo le tengo mucho cariño a mis cuentos más viejos; eso es por pura nostalgia de la escritura. Cuando uno lee los textos viejos prueba cuánto ha avanzado en la madurez del lenguaje.

A usted se le conoce más como novelista. ¿Se sigue considerando cuentista o prefiere la novela?

Bueno es que yo soy las dos cosas de manera independiente. Para mí no se confunden, ni se atropellan ni compiten. Yo sé cuando tengo un tema para un cuento y cuando tengo uno para novela.

También experimentó una faceta como reportero. Estuvo en Haití haciendo un trabajo para El País…

Me hubiera encantado iniciar esta carrera desde mucho más joven. Acepté encantado el encargo; me propusieron ir a Yemen y yo preferí Haití, porque nunca había estado y me ha apasionado siempre la historia de Haití. De cómo la sociedad se vino deteriorando a través de los conflictos hasta ser el país más pobre del continente. Eso es apasionante en sí mismo, poder tocar la miseria y poder verme en ese espejo, de nunca llegar a ser como Haití, porque Nicaragua está entre los tres países más pobres.

Muchas de las entrevistas que le han hecho han girado en torno a la política. ¿Le gusta hablar de política?

No, no me gusta. Es decir, cuando me preguntan respondo; pero me gustaría hablar más de literatura y no hay frustración más grande que me vengan a entrevistar de literatura y me hagan dos preguntas de compromiso.

Muchos lo ven como un escritor que en algún tiempo puede ser candidato al Nobel.

No. Eso me parece exagerado. Yo tengo una lista de candidatos al Nobel que no se va a agotar antes que mi vida. Yo creo que uno no puede ponerse a escribir en función de los premios; uno no puede escribir para competir, porque termina aflojando los amarres de la escritura.

Pero los premios representan algo. ¿Qué han significado para usted?

El premio Alfaguara, en el momento que me lo dieron, fue un empujón para mi carrera, porque yo venía de la política y había perdido mi credibilidad de escritor.

¿Hay algún tema específico que no se haya atrevido a escribir?

Alguna vez me gustaría escribir sobre Sandino, porque es un personaje mal versado en Nicaragua, muy mal entendido. Pero me gustaría hacerlo desde un punto estrictamente novelístico.

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