- Dulces, coloridas y muy sabrosas. Las frutas son parte importante de la dieta diaria y se permiten la versatilidad de constituir una merienda a la mitad de la mañana o tener un lugar protagónico en una ensalada o plato fuerte
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Si cree que es pecado comer entre comidas una manzana, una naranja o una rebanada de sandía a la mitad de la mañana, será sin duda una dulce indulgencia.
Las frutas son parte importante de la dieta diaria y constituyen una descarga de vitaminas y minerales, que se juntarán con los nutrientes de las demás comidas. Son además bajas en calorías, ricas en agua y nulas en grasa, por lo que no habrá necesidad de que nos preocupemos mucho por el peso.
La nutricionista Sabrina Espinoza expresa que la mejor manera de ingerir la fruta es a manera de merienda; es decir como a las 10:00 a.m. y entre las 3:00 p.m. y 4:00 p.m.
La especialista sugiere aquellas frutas que son altas en fibra y agua y recomienda la sandía, el melón, la papaya, la piña, la guayaba, la manzana, la naranja, incluido el hollejo y el mango verde.
Según ella, el mango maduro, al igual que el banano, tienen muchas calorías, por lo que es mejor comerlas sólo dos veces por semana.
Sin embargo, hay que tomar en cuenta que las calorías que pueden aportar las frutas no son para nada dañinas si se les compara con las que aportan las carnes o la grasa animal.
ES MEJOR ANTES
Para muchos, las frutas pueden ser el postre perfecto, sobre todo si se busca evitar el consumo de dulces; además los ácidos que éstas contienen ayudan a la limpieza de la boca.
Pero lo ideal sería consumirlas antes de las comidas. Primero, si se está en una dieta de adelgazamiento, el efecto de saciedad que produce evitaría la ingesta de grandes cantidades de comida.
Segundo, es importante saber que las frutas no son digeridas en el estómago, sino en el intestino delgado, donde liberan los azúcares; es por eso recomendable consumirlas antes de la comida o cuando ya haya pasado el proceso de digestión.
Si las frutas se consumen inmediatamente después de la comida, sobre todo si se comió carne o almidones, las frutas quedan presas y comienzan a fermentarse en el estómago, “por eso es que a veces uno se siente como empanzado”, agrega Espinoza.
QUE SEAN PROTAGONISTAS DE SU PLATO
No subestime la funcionalidad de las frutas en su alimentación. Juegue con ellas y atrévase a que tengan el lugar principal en la comida.
Por qué no ponerle kiwi y fresas a unas brochetas de mariscos o por qué no acompañar con mangos un rollito de sushi y con manzanas y uvas una ensalada verde.
“Sí se vale”, expresa la nutricionista Sabrina Espinoza, sobre todo para las personas que no les gusta consumir la fruta por sí sola.
Pero recuerde que aunque la incluya en los platos fuertes, la fruta debe ir en su estado natural, es decir ni cocida, ni deshidratada.
Por ejemplo, un cereal para el desayuno vendría muy bien si le agrega fresas, un medio banano o algunos trozos de manzana.
Y si le aburre una ensalada que esté compuesta sólo por lechuga, tomate o pepino; por qué no darle color y sabor con uvas, manzanas o cualquier otra fruta en trozos que se le ocurra.
Cada vez que entre a la cocina, recuerde que las frutas son una abundante fuente de sabor y color para nuestros platillos. Entre más colores consumamos, más vitalidad le inyectamos a nuestro cuerpo.