- Un año después, comerciantes son “ahogados” por las deudas
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Hace un año el Mercado Oriental, el más grande de Centroamérica, amaneció en llamas. El jueves 31 de julio, a eso de las 10:00 de la noche, un cortocircuito provocó un siniestro de magnitudes nunca vistas en el centro de compras, que devoró más de mil tramos, en cuatro manzanas.
El fuego se extendió rápidamente y en menos de 24 horas dejó en la calle a unos mil 500 comerciantes.
Las pérdidas se estimaron en ese entonces en más de dos mil millones de córdobas, según estimó en su momento el ex Vicealcalde de Managua, Felipe Leiva Orochena, pero el Gobierno Central nunca quiso hacer cálculos al respecto.
A criterio de los comerciantes, las pérdidas fueron mucho mayores, pues cada uno reporta que las llamas devoraron entre 10 mil y 80 mil dólares por cada tramo, según el tamaño y tipo de mercadería.
Olga Delfina Dinarte, quien lleva 35 años vendiendo en el Oriental, cuenta que el incendio dejó inmensas deudas a los comerciantes afectados, sobre todo porque la zona más afectada fue la de los mayoristas.
De su tramo de bolsos y productos de belleza no quedó más que hierro retorcido y cenizas. Lo mismo ocurrió en el tramo de su recién fallecido esposo, donde vendía chinelas y zapatos.
Olga Delfina, con los ojos rojos y húmedos al recordar la doble tragedia que enfrentó, explica que entre los dos tramos perdió unos 50 mil dólares (cerca de un millón de córdobas), sin incluir la infraestructura.
El mayor problema, relata, es que antes del incendio trabajaba con capital propio y uno que otro crédito con proveedores; pero ahora, a un año de la tragedia, calcula que sus deudas superan los 60 mil dólares.
Pasados los 15 días del incendio, el Gobierno, como parte de la promesa que hizo el presidente Daniel Ortega el 1 de agosto durante su recorrido por el abatido mercado Oriental, ofreció 3.5 millones de dólares para que fueran repartidos entre 700 comerciantes que lo hubiesen perdido todo.
Esos 3.5 millones, que se traducirían en cinco mil dólares para cada comerciante, provendrían del Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes), según detalló en su momento la primera dama Rosario Murillo.
El programa de préstamos, llamado En Nombre de Dios, es manejado por el banco paraestatal Alba Caruna, el cual cobra mensualmente 152 dólares.
Parte de la deuda de Olga Delfina es con Caruna, pero comenta que ese préstamo representa una pequeña parte, ya que ante los pocos fondos conseguidos por el Gobierno, tuvo que recibir grandes créditos de otro banco y empresas distribuidoras de Panamá y Nicaragua.
“No tuve de otra (más que endeudarse), si comencé de cero”, lamenta.
TARDE Y NI PARA EL “ARRANQUE”
Todos los comerciantes consultados coincidieron en que los cinco mil dólares repartidos por Caruna no bastó, en la mayoría de los casos, ni para construir el tramo, por lo que se vieron obligados a solicitar créditos a otros bancos y empresas mayoristas.
Julio César Gutiérrez, quien vende artículos para costura en el Oriental desde hace 22 años, cuenta que perdió entre ocho mil y 10 mil dólares con el incendio.
Su suerte fue que en su casa tenía guardada un poco de mercadería y con eso pudo empezar de nuevo.
Gutiérrez cuenta que el único préstamo que adquirió fue el conseguido por el Gobierno, pero que apenas alcanzó para construir su tramo.
“Sólo en la construcción se fueron tres mil 500 (dólares), de los cinco de Caruna, para mí que es pequeño (el tramo), ya los más grandes me imagino que gastaron mucho más”, explicó.
Debido a que ese préstamo no dio abasto para comprar más mercadería, tuvo que adquirir cuantiosos créditos con empresas distribuidoras de los productos que él comercializa.
“Yo trabajaba con dinero propio, no tenía jarana. Me vi obligado a abrir crédito”, dice con pesar, ya que antes del siniestro toda su mercadería era comprada con su capital.
Además de que los préstamos gestionados por el Gobierno fueron ínfimos, tardaron casi dos meses para ser entregados.
El 15 de agosto, la primera dama Rosario Murillo le dijo a un numeroso grupo de comerciantes que ellas eran las que “atrasaban”, pues el dinero estaba listo, sólo a la espera de documentos.
Sin embargo, a un mes de la tragedia sólo se habían entregado 276 préstamos.
Fue hasta finales de septiembre del año pasado que Alba Caruna terminó de entregar los préstamos. La justificación que dieron en ese momento a LA PRENSA fue que el retraso se debió a que muchos de los comerciantes no llevaban los documentos solicitados a tiempo.
Durante los casi dos meses que tardó en ser ejecutado por completo el programa gubernamental En Nombre de Dios, la mayoría de comerciantes tuvo que montar sus negocios con poca mercadería y ambulante.
GRANDES PAGOS MENSUALES
Los comerciantes que tuvieron que buscar varios préstamos, para volver a trabajar en el Oriental, cuentan que debido a que los mismos son grandes, los abonos mensuales también.
Tal es el caso de Jessenia Duarte, de Alquileres y Decoraciones Jessenia, con 19 años de vender en el mercado, quien después del 1 de agosto de 2008 tuvo que “enjaranarse” con varios miles de dólares.
Jessenia cuenta que el incendio le dejó pérdidas por unos 80 mil córdobas, por lo que el préstamo de Alba Caruna no le hizo “ni cosquillas”, así que tuvo que recurrir a otros dos bancos.
MALAS VENTAS EMPEORAN SITUACIÓN
Después del incendio, la mayoría de los comerciantes empezó a instalarse formalmente entre octubre y noviembre, meses que empezaba a darse a conocer en Nicaragua una crisis financiera internacional que tendría magnitud mundial.
Ya recién instalados y muy endeudados, los comerciantes empezaron a sentir los efectos de esa crisis. Hoy cuentan que las bajas ventas dificultan aún más reunir el dinero necesario para hacer los abonos a los bancos.
Jessenia, por ejemplo, cuenta que por los tres préstamos que adquirió debe pagar unos 30 mil córdobas mensuales a bancos (unos 1,500 dólares), que según explica, se hacen muy difícil reunir por el lento movimiento en el comercio.
“Sólo Dios es el único que sabe cómo hacemos para pagar”, dice por su parte en tono reflexivo Julio César Gutiérrez, del tramo de artículos para costura.
En su caso paga 152 dólares mensuales a Alba Caruna y aparte de los proveedores comerciales. Cuenta que desde que montó nuevamente su negocio trabaja hasta los domingos, que antes del incendio dedicaba a su familia.
Su aflicción se hace más evidente cuando recuerda que apenas ha pagado cinco abonos a Caruna. Le restan 29.
“Me las estoy viendo en aprietos, me imagino que los demás también”, subrayó.